Furor por los másters

La obsesión de cierta clase política por coleccionar másters y posgrados amenaza con hundir su valor
 
Antes sólo estudiaban los ricos y ahora sólo estudiamos los pobres”. Frase leída en Twitter a raíz del escándalo del máster de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid. Refleja la perplejidad que provoca el saber lo fácil que es para algunas personas obtener un título de posgrado universitario. Saber que hay alumnos que van regularmente a clase, realizan trabajos y se presentan a exámenes. Y otros que no lo hacen, que reciben aprobados generales y se les convalidan las asignaturas de seis en seis.
Thorstein Veblen escribió en los primeros años del siglo XX que los signos que distinguían a las élites eran la ociosidad y la ostentación de la riqueza. Hoy mucha de esa ostentación se consume en privado. Y las élites buscan en el trabajo el sentido a su vida. Se dejan seducir por el consumo responsable, por lo “auténtico”; por el viaje “verdadero”, el trekking. Les gusta cultivar el espíritu (son grandes consumidores de cultura) y la salud (van al gimnasio, hacen deporte y frecuentan la medicina preventiva).
Pero lo que marca realmente la diferencia es la educación. Una obsesión que empieza con los hijos, vistos como un proyecto en desarrollo. Y que continúa a lo largo de toda la vida. Más allá de la universidad. España universalizó la educación superior en la década modernizadora de los ochenta. El sistema de becas permitió el acceso de la gran mayoría al título universitario. Y el sistema de másters y posgrados matizó esa tendencia igualitarista.
Cierta clase política ha hecho de másters y posgrados un signo de ostentación. En realidad los coleccionan. Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación del PP, los tiene por Harvard (en realidad fueron cuatro días en Aravaca, Madrid), Georgetown, el Instituto de Empresa y el Iese. Sin contar con el de la Universidad Rey Juan Carlos, epicentro del escándalo que afecta a Cifuentes y a otros altos cargos del PP madrileño. La universidad ha quedado ya tocada por su ligereza y “ductilidad” académica, aunque quizás haya que recordar que fue creada en el entorno del PP como réplica a la Carlos III, controlada por el PSOE. Pero volvamos a los másters. El récord lo tiene Emilio Argüeso Torres, secretario de organización de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana. Asegura estar cursando al mismo tiempo tres grados universitarios y cuatro posgrados en cinco universidades distintas. Un máquina.
Los másters adornan el currículum de esos políticos. Con ellos quieren acreditar que saben tanto de todo que si están en política es porque lo suyo es vocacional (cuando en realidad quizás quieran ocultar que no saben hacer otra cosa). Pero el resultado de esa obsesión, y las prácticas corruptas desarrolladas a su alrededor, han provocado el desconcierto sobre las condiciones en que se imparten esos títulos en determinadas universidades y centros de enseñanza. La modernidad de las sociedades capitalistas se define por la calidad de sus instituciones. Al capitalismo español sólo le faltaba que parte de su sistema universitario deba ponerse en cuarentena.
(Publicado en La Vanguardia el 14 de abril del 2018)
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