La fabrica despierta

La industria manufacturera, que hemos dado muchas veces por moribunda, ha vivido su mejor trimestre en años

 

Esta semana, la doctora Petichet, que trabaja para una compañía de prevención de riesgos laborales, ha visitado cuatro empresas para efectuar el reconocimientos médico a sus trabajadores. Una empresa de envoltorios para toallitas, una de material textil sanitario, un fabricante de pienso para ganado y una cuarta que hace unas piezas metálicas muy pequeñas, pero que no recuerda para qué sirven. Las cuatro están lejos de Barcelona. Las cuatro tienen plantillas de menos de cien personas. Y a las cuatro les cuesta atender a la demanda que llega de fuera.
A todas ellas les ocurre lo mismo que a buena parte de la industria catalana, que aprovecha un momento insólito de expansión conjunta de la economía global después de diez años de convalecencia. Nadie sabe cuándo durará la bonanza. Pero las exportaciones han crecido mucho los últimos meses del 2017. Y como explican desde el Puerto de Barcelona, el tráfico de contenedores se ha disparado un 50% este mes de enero. Es decir, la fiesta continúa.
¿Fiesta? Hay razones para verlo así. Una importante es que mucha de esta industria es manufacturera, que ha sido siempre la hermana pobre a la que hemos dado más de una vez por moribunda. La otra, que la industria, no toda, pero por término medio, paga mejores salarios que la franja mayoritaria del sector servicios; más que el turismo, por ejemplo. Y también es relevante que, de vez en cuando, y con más frecuencia que en otras áreas, la industria innova. Porque está en su adn o porque no le queda más remedio que hacerlo. Su apertura al exterior, la hace más sensible al crecimiento económico global, pero la obliga a estar más atenta. Una última razón para estar contentos: solamente en el último trimestre del 2017 la industria catalana contrató a 25.600 personas (el 63% de la contratación en el conjunto del estado). En todo el año el número de personas contratadas por la industria en Catalunya ha sido de 41.700.
Dos pequeños detalles que todavía hacen más curioso el dato de la industria. Uno, que según explica el último informe de la Cambra de Comerç de Barcelona “no se percibe [en España] ninguna disrupción indicativa de un posible boicot a productos industriales procedentes de Catalunya”.
El otro detalle es en realidad una aclaración contra la simplificación y la pereza mental. Hay quien identifica la industria con la periferia de Barcelona. Lo que antes llamaban cinturón industrial. Pero eso hace ya cierto tiempo que dejó de ser así. El último anuario económico comarcal del BBVA indica que las comarcas donde la industria tiene más peso son La Segarra, la Conca de Barberà, la Garrotxa, el Alt Camp, el Pla de l’Estany, el Ripollès, el Moianès, la Osona, el Vallès Oriental, el Pallars Jussà y la Ribera d’Ebre. Pongan esas comarcas sobre el mapa y le aparecerá un nuevo cinturón industrial. Esta vez situado bastante más en el interior. Para los que insisten, con evidentes implicaciones políticas, en contraponer un litoral catalán dinámico frente a un interior empobrecido y de cultura eminentemente rural, los datos explican todo el contrario. En realidad son una pequeña venganza.

 

(Publicado en La Vanguardia el 3 de febrero de 2018)

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