Vendaval en septiembre

La percepción internacional de lo que ocurra estos días será clave para gestionar la legitimidad de ambos bandos

 

Alguien prometió que septiembre iba a ser un mes movido. Pero probablemente se quedó corto. Para quien pensara que el choque de trenes entre el Estado y el Gobierno de la Generalitat iba a ser un único y ruidoso golpe frontal (era un opción), al final lo que se está produciendo es una vertiginosa sucesión de impactos. En el soberanismo se acuñó la imagen de “pantalla” para referirse al itinerario hacia el referéndum del 1 de octubre. Siguiendo con el símil, las “pantallas” se aglomeran ahora una detrás de otra, van y vienen, sin dirección aparente y a una velocidad en la que es difícil adivinar el desenlace final.
Parte de lo que ocurre era previsible. Sólo una parte. Hace unas semanas, en los círculos próximos al Gobierno de Mariano Rajoy se hablaba de aplicar una estrategia sibilina e imperceptible. A cada paso de la Generalitat, decían, se iba a responder con el desmontaje de su estructura de forma sigilosa e implacable, hasta convertir el poder autonómico en una cáscara vacía. Vista en perspectiva, aquella era una operación de neurocirugía. Lo de ahora se asemeja más a la intervención de un traumatólogo, con la policía y los tribunales como principal factor de presión.
Lo que pase en los próximos días será determinante para la percepción internacional del conflicto. Y esa percepción será clave tanto para legitimar o no el resultado de un referéndum que unos dan por descontado y que otros garantizan que no va a ocurrir, como para que el Estado se arme de argumentos para cerrar provisionalmente este capítulo.
En esa percepción internacional juegan un papel central los bancos de inversión y las agencias de rating. Lo son porque sus análisis guían la actuación de inversores y mercados financieros. En la última semana se han publicado informes de Moody’s, de Barclays, de Capital Economics, de DBRS y de Goldman Sachs. En todos ellos hay tres mensajes a retener. Uno, que el referéndum no se celebrará porque el Estado pondrá todos los obstáculos para evitarlo. Dos, que la pulsión independentista en Catalunya sólo se resolverá a medio plazo, y que para ello será crucial la recuperación económica y un aumento de la capacidad fiscal y del autogobierno. Salvo que, y ese es el tercer mensaje, los acontecimientos que se produzcan a medida que se acerca el 1 de octubre no eleven la tensión e incrementen el apoyo social al independentismo.
Esos análisis fueron escritos entre finales de agosto y la primera semana de septiembre. En el primer mensaje, asumen que el gobierno español impedirá la consulta. El segundo mensaje revela una sorprendente fe en una solución racional al conflicto, en un pacto en el que nadie cree aquí. Y, al mismo tiempo, demuestra que pisan poco el terreno y desconocen las culturas políticas en colisión. Sobre el tercer mensaje, la cuestión está en saber si esos análisis no se han quedado obsoletos y se ha cruzado ya el umbral de tensión al que se referían.

 

(Publicado el 16 de septiembre en La Vanguardia)

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