Futuros imperfectos

El miedo al robot es irracional, pero la angustia por cómo la tecnología nos cambia el trabajo, es universal y durará tiempo

Dicen que los chinos ahorran mucho porque tienen la memoria llena de revoluciones, hambrunas y cambios de régimen. Son prudentes a la hora de gastar porque han vivido cien años movidos en los que la percepción de seguridad en vida ha sido mínima. Pero los occidentales no son tan diferentes. La gente siempre sale tocada de las grandes crisis. Pasó después del Crack del 29 y de la Recesión de los 30. En los veinte años que vinieron a continuación, la bolsa subió unas cuantas veces y las buenas noticias menudearon. Pero la gente siempre recordó los malos tragos de la infancia y tardó tiempo en cambiar su patrón de consumo. La verdadera alegría consumista, de hecho, tuvo que esperar hasta la llegada de una generación que no había vivido la crisis, la del ‘baby boom’.
Ahora mismo la economía crece en todo el mundo y la recuperación está en marcha. Pero no encontrarán a mucha gente satisfecha. Desde que estalló la crisis financiera del 2007-2009, el consumo no se ha repuesto y todavía menos ha vuelto a la alegría de antes. ¿Por qué? Algunos economistas lo explican asegurando que vivimos tiempos excepcionales. Por ejemplo, Lawrence Summers, que habla de “secular stagnation, de largo estancamiento. Este pesimismo, el temor a un acontecimiento inesperado explicaría, entre otras cosas que los inversores informados, acepten rentabilidades de sólo el 0,5% cuando invierten en deuda pública por un periodo de diez años.
La cautela a la hora de comprar podría ser razonable también entre los jóvenes que nacieron en la década de los 80, lo que ahora llaman ‘millenials’. Porque se hicieron adultos en plena recesión. Y porque se han emancipado en un mundo de salarios bajos y trabajos intermitentes. Por lo tanto, gastan poco y ahorran más. ¿Sin embargo, porque el resto de gente también se comporta de ese modo?
Esta semana, otro economista prestigioso, Robert Shiller, ha atribuido la fragilidad del consumo a temores indefinidos sobre el futuro (él habla de “vague fears”). En concreto, a la angustia que provoca a la gente saber que un día perderá el trabajo por culpa de las máquinas.
Puede parecer exagerado. Pero quizás no lo sea tanto. Un extenso estudio recién publicado por la consultora Mckinsey explica que los empleos que pueden ser completamente automatizados no llegan al 5%. Pero añade que en el 60% de los actuales empleos hay un 30% de actividades que sí pueden ser automatizadas en el plazo de diez años Es decir, los robots no vendrán a media noche a sustituirnos. Pero para la gran mayoría, los trabajos que hacen ahora sí cambiarán en muchos aspectos. A toda prisa. Y con muchas posibilidades de que el valor de ese trabajo se devalúe.
La hipótesis de Shiller tiene que ver con la confianza en el futuro (que es el motor del consumo). Y también en cómo las autoridades gestionan esa confianza. Pero la desazón y la angustia que describe no parecen algo que se pueda arreglar en meses. Puede formar parte de nuestras vidas y la de nuestros hijos por mucho tiempo.

 

(Publicado en La Vanguardia el 3 de junio del 2017)

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s