Ajuste en el Penedès

Veinte años después de la guerra del cava, la apuesta por el low cost obliga al sector a tomar decisiones

 

Veinte años. Hay ondas expansivas que viajan con gran rapidez. Pero la que provocó la guerra del cava ha impactado con toda su intensidad dos décadas después. Las hostilidades se desencadenaron en la segunda mitad de los años 90, cuando Freixenet y Codorniu se cruzaron demandas y acusaciones en los tribunales. El enfrentamiento estaba teñido del morbo que provocan estos conflictos cuando tienen lugar en sociedades tradicionales con un fuerte peso del factor familiar. Pero aquello fue una guerra por la estrategia. Entre los que lo apostaban casi todo a crecer con un producto a bajo precio (los primeros) y los que no. Al final, la fascinación por el low cost sedujo a la mayoría. Y ahora llegan los problemas de sobrecapacidad y se acumula la caída en los márgenes de las empresas. El ERE que negocia ahora Codorniu, que tiene un 20% de su actividad vinculada a la elaboración de cava barato para marca blanca, es un primer síntoma. La llegada de los nuevos tiempos.
Lo que sorprende es que esa decisión, y las que seguramente vendrán, hayan tardado tanto en tomarse. Hay factores que pueden explicarlo. Los consultores externos hablan de la petrificación de las estructuras gerenciales del cava. Apenas hay gestores externos a las familias en un mundo en el que términos como el de fusión no son aceptables. Otro factor que ayuda a explicar tanta pereza es que las bodegas paguen a los recolectores de uva unos tristes 30-40 céntimos por kilo, muy lejos de los 2-3 euros que pagan los elaboradores de ‘spumanti’ italianos o de los 5 euros que pagan los del champagne. Con esos precios -con esa uva- es muy complicado convencer a tus clientes que haces un producto de calidad. Lo que sí permite es practicar una política de bajos precios. Aunque al final la ironía es que en esa guerra cruel que es el low cost te acabe ganando un intruso al que nadie esperaba (García Carrión-Jaume Serra) que al final ha sabido hacer cava todavía más barato.
Pero la estrategia low cost nacida del conflicto de los 90 tampoco ha podido compensar el cambio de cultura en el mercado del consumo local. Con factores tan relevantes como el triunfo del vino en espacios rituales que le estaban reservados al cava, gracias a la llegada de nuevas generaciones de enólogos a las bodegas pequeñas. O como las campañas de boicot al cava lanzadas desde determinados medios. Todo eso y la crisis del consumo iniciada en 2007 pudieron con el que era el tradicional colchón de seguridad del sector: el mercado local.
No sería verdad decir que el cava no se ha movido en estos veinte años. Hay marcas (Raventós Blanc, Albet i Noya, por ejemplo) que han abandonado la Denominación de Origen cava porque sospechaban que les iría mejor a la intemperie. O firmas de tamaño medio (Parxet o Torelló, por dar solo algunos nombres) que se han aventurado con éxito en un segmento más alto. Pero la discusión iniciada en los años 90 bajo forma de conflicto (qué hacer y cómo hacerlo) regresa con toda la urgencia. Llegan tiempos de cambios en el Penedès.

 

(Publicado en La Vanguardia el 6 de mayo del 2017)

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