Horror en el hipermercado

Internet y una clase media frágil ensombrecen la edad de oro del consumo y su mayor fetiche: el centro comercial

 

Sears, empresa americana de grandes almacenes, hace constar en su último informe anual que “existen dudas sustanciales sobre la capacidad de la compañía para seguir operando”. Hay empresas que usan el informe anual para embellecer la realidad, pero los gestores americanos son a veces muy directos. Sears, nació a finales del siglo XIX y en la década de los 50 decir Sears era decir grandes almacenes. Ahora amenaza con cerrar, y con ella un capítulo importante de la historia del comercio.
Barcelona ha tenido una relación especial con Sears. Fue en la ciudad, en la avenida Diagonal junto a la plaza Francesc Macià, donde Sears se instaló en 1967 (y allí estuvo hasta 1983, cuando fue fagocitada por Galerías Preciados). Los que la frecuentaron recuerdan el impacto que tuvieron al visitarla: Estados Unidos era entonces el planeta Venus, y sus estantes estaban llenos de productos llegados de otro mundo. Fue el mismo estado de shock que tuvo la gente de la periferia mucho más tarde, en 1978, cuando abrió Hiper Vallés, al que todo el mundo conocía como “El Prica”. Era la conmoción que provoca la abundancia. Porque eso eran los grandes almacenes y los centros comerciales que llegaron después: el escaparate del capitalismo en sus mejores años. Cuesta entenderlo ahora, en la era de internet. Pero la gente iba a esos sitios a pasar la tarde del sábado, a pasear horas y horas, a ligar, a dar vueltas con el carro, a comer y a comprar.
Era la sociedad de consumo. Y la identificación del centro comercial con aquel capitalismo era tan estrecha, que cuando George A. Romero (el padre del cine de muertes vivientes) filmó su segundo mejor película en 1978 (Dawn of the dead, titulada aquí Zombi) colocó a los últimos supervivientes del género humano en el interior de un centro comercial.
Ese apocalipsis puede haber llegado. Cuarenta años después, Estados Unidos sufre una epidemia de cierres de firmas como Sears, Macy’s JC Penney y decenas de menos conocidas. Y con ellas, las de los centros comerciales que les cobijaban (malls), un negocio inmobiliario cada vez menos rentable. Business Insider ha publicado esta semana en la web un reportaje fotográfico estremecedor, una colección de imágenes de centros comerciales vacíos y abandonados ¿Quién ha sido el autor del asesinato? El mayor sospechoso parece ser la compra por internet. Pero no ha actuado solo. Lo ha hecho cabalgando a lomos de una frágil clase media que ha salido de la crisis bastante escaldada y con un poder adquisitivo más bajo. Y después están los jóvenes, que parecen hacer de la necesidad virtud: consumir no está de moda, como si todos se hubieran hecho hípsters de golpe.
La sociedad de consumo fue criticada por banal y alienante. Pero ahora, que parece estar en horas bajas, se la añora porque era más inclusiva y alcanzaba a todos. Bienvenidos a lo desconocido.

 

(Publicado en La Vanguardia el 25 de marzo del 2017)

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