Al caer la noche

¿Por qué prosperan las naciones? Porque tienen instituciones que trabajan para todos

¿Por qué fracasan las naciones? Según los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, que escribieron un libro con ese título, no fracasan por razones culturales o geográficas. Fracasan porque no saben crear un tejido institucional inclusivo. Es decir, instituciones que sean capaces de crear un campo de juego en el que la mayoría de la población pueda desplegar su talento. Cuando las instituciones no actúan así, cuando actúan en beneficio de determinadas elites, la prosperidad se marchita. En la práctica, unas instituciones inclusivas facilitan la estabilidad, que favorece la economía. Hace que las expectativas de vida de las personas sean más previsibles. Y promueve una actuación más empática del poder (eso que llaman soft power) a la hora de resolver los conflictos.
Hace unos días, al caer la noche, entraron en el domicilio de dos jueces. De uno de ellos sólo se llevaron el ordenador con información. Para que quedara claro a lo que iban. Montaron también una asociación para querellarse contra el fiscal por cuestiones relacionadas con la familia. “Tu hija”… “tu mujer”… Hasta que al final, Manuel López Bernal, responsable de la Fiscalía de Murcia, fue destituido después de llamar a declarar de forma inmediata al presidente de esa comunidad autónoma, Pedro Antonio Sánchez, por un caso de corrupción. Se fue con un: “Al final, la gente va a dejar de investigar la corrupción”.
Lo de Murcia pone los pelos de punta. Y sucede en paralelo a nombramientos, por parte del fiscal general del Estado, en plazas clave y que han sido denunciados por las asociaciones de jueces progresistas por su sesgo político. En la misma semana en la que se crea una comisión de investigación en el Congreso que catalizará sobre el Banco de España todo el cúmulo de despropósitos de las finanzas de los últimos quince años. En la que el Estado se querella contra la Mesa del Parlament de Catalunya por desobediencia y prevaricación. Pero salva al único miembro que no es independentista. Porque pese a haber votado lo mismo que el resto, “actuó en la creencia errónea” de que hacía lo correcto. Sublime.
Si aquí aparece la querella contra la Mesa del Parlament de Catalunya, es porque lo ocurrido en los últimos años en Catalunya tiene que ver con todo eso. La oleada independentista se desata en el 2010, cuando el Constitucional desarma la mayor parte del Estatut de Catalunya. Y pese al barniz identitario que se le quiera poner, lo alimenta la constatación de que el potencial de una metrópolis como Barcelona no va a poder desplegarse tal y como se está estructurando el Estado. No es tan distinto al auge del movimiento quebequés. Nace en los sesenta, en plena crisis de expectativas de su economía y se repliega a mitad de los 2000, cuando Canadá halla para el Quebec un mejor encaje.
Es la ventaja de tener un Estado en el que las instituciones trabajan para todos.

 

(Publicado en La Vanguardia el 25 de febrero del 2017)

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