Un país sin matemáticos

En la nueva industria, la que se crea y sobrevive, la caja de herramientas ha dado paso al ordenador 

Dices la palabra fábrica y rápidamente visualizas un espacio lleno de máquinas, de herramientas y de personajes sacados de la memoria: el chispas, el soldador, el matricero, el contramaestre… Dices la palabra industria y el pasado te vuelve a traicionar. Todavía oyes sonar la sirena y montones de señores (y alguna señora) vestidos en mono de trabajo y saliendo de forma ordenada de la factoría. Pero, en realidad, cuando a uno le llevan de visita a alguna empresa industrial de esas que exporta, que tiene producto y han abierto mercado, frecuentemente localizada más allá de Collserola, lo que encuentras son señores en bata blanca rodeados de ordenadores.
Llevamos ya dos décadas lamentando las deslocalizaciones y la huida de la industria. Más de diez años soñando en que algún día esta industria volverá porque las nuevas tecnologías van a permitir que lo que se fabrique aquí sea tan competitivo en precio como lo que llega de Asia. Grave problema. Ese discurso es en buena parte falso. Involuntariamente falso. Esa industria ya no volverá. No puede volver porque prácticamente ya no existe. Porque incluso en la hipótesis más remota, la del regreso del ensamblaje en la industria de bajo coste, ésa ha empezado a desaparecer incluso en Asia, sustituida por robots. Es entonces cuando no queda más remedio que reconocer la verdad: la globalización se llevó la industria. Pero ha sido la automatización la que la ha hecho desaparecer tal y como la imaginábamos.
“La nueva caja de herramientas es ahora el ordenador” les gusta decir en la nueva industria. Y eso empieza a ser un grave problema. La industria del ensamblaje permitió llenar las fábricas de los años 70, cuando se rozó el pleno empleo e, incluso más allá, hasta mediados de los 80. Era una industria para la cual no hacía falta estudiar mucho. En algunos casos la gente se hacía aprendiz (eso desapareció). O dejaba el instituto a medias. O incluso hacía un par de cursos de FP. Y con eso bastaba. Ahora no debe ser así, porque muchas empresas empiezan a quejarse de que no encuentran la gente que necesitan. Porque no saben las cosas más elementales que se requieren para trabajar en la industria.
Hace falta gente de ingenierías. Gente de informática. Hacen falta legiones de gente que haya ido a la universidad y sepa resolver problemas abstractos. Que sepan lo que son las matemáticas. Pero esa es otra paradoja. “Llevamos años hablando de matemáticas, de lo importantes que son, pero cada vez hay menos gente que sepa matemáticas” contaba no hace tanto Pere Casals, presidente de una empresa de bienes de equipo, seguramente uno de los sectores que más sufre esta carestía de mano de obra formada para los tiempos que corren. O eso, o alguien deberá tomarse en serio lo de los aprendices. Aprendices. No becarios. Porque trabajar, trabajar de verdad, va a requerir cada día más esfuerzo.

 

(Publicado en La Vanguardia el 4 de febrero del 2017

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s