Trump: la máquina del tiempo

El nuevo presidente de los EE.UU. se apoya en los miedos del hombre blanco y le promete un imposible regreso al pasado

No hay nada que no se haya dicho ya de la sorprendente victoria de Donald Trump. Se han escrito toneladas de análisis, producido montones de gigabytes y grabado millones de horas de tertuliano. Todas las explicaciones son verosímiles. He aquí unas cuantas.
La economía. Décadas de erosión de la clase media, de desaparición de industrias y de empleo cualificado, de vulnerabilidad ante la velocidad de los cambios. De pérdida de lo que el sociólogo Richard Sennet llama respeto. Antes papá (imagínense a Robert De Niro bajo el porche familiar) le decía a su hijo: “Ves, tu padre ha construido esta casa después de trabajar duro toda la vida como soldador. Te regalo este coche”. Ahora papá no sabe exactamente cuál es su profesión ni tampoco de qué trabaja.
La psicología. Trump llevaba desde 1970 berreando las mismas simplicidades. Decía en voz alta lo que mucha gente pensaba y no se atrevía a decir. Ahora le han escuchado porque ha activado todos sus miedos. A los mexicanos, que son todos narcotraficantes (como se puede comprobar en Breaking Bad). A los asiáticos, que son unos enredadores. A las mujeres. Porque aunque las insulte, Trump se huele, como los hombres blancos que le han votado, que ellas están más dotadas para el mundo de hoy. Son más adaptativas, realistas y prácticas. No como él, como ellos, que llevan todavía en su corazón el niño que fueron. Y hay que admitirlo. Ahí lo han tenido fácil. Tanto esperar a la primera mujer en la Casa Blanca para que apareciera una estirada arrogante y elitista como Hillary Clinton que ni siquiera ha sabido atar corto al zascandil de su marido.
La cultura. Los capitalistas de mi juventud tenían el mismo aire desalmado de Donald. Eran brutales. Pero iban de cara (bueno, no todos). Hoy el mundo es de gente políticamente correcta, cosmopolita, que bebe zumos orgánicos cuando no agua de Vichy, se sienta en locales con muebles reciclados y abren el Mac, porque trabajan a todas horas. Gente que lo sabe todo y que se siente mejor que tú. Nada de lo que te hagan es personal. ¿Ustedes se fiarían de ellos?
Los medios. Esta es una sociedad hiperinformada. Que se está llenando de sensores para captarlo todo. En la que circula un infinito de datos sobre sus vidas, su salud, sus gustos, sus deseos. Las redes sociales reciclan universos de información (y también muchas falsedades: ahí Facebook y Twitter no han estado finos). Y al final, ya ven, no la han acertado. Quizás es que han preguntado mal o no lo han hecho a quien debían.
Pero bueno. Tanta explicación no ayuda. Porque lo hecho, hecho está. Y la victoria de Trump no promete un mundo mejor. Su programa parece la máquina del tiempo, pero a un tiempo al que no se puede volver. Esperemos, en cualquier caso, que no sea un regreso al peor de nuestros pasados. Y que el aparato político republicano ponga a Donald en vereda.
(Publicado en La Vanguardia el 12 de noviembre del 2016)
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