En tierra de gigantes

La flexibilidad está dejando de ser un atributo de las pequeñas empresas gracias a las nuevas tecnologías

 

En la última fábrica que visité había una veintena de personas dedicadas a construir máquinas para fabricar toda clase de hilos. Hace muchos años, esa gente se dedicaba íntegramente a la maquinaria textil, pero ahora las máquinas eran para las actividades y destinos más diversos. Las máquinas se hacían a medida y había momentos en los que uno tenía la sensación de estar rodeado de artesanos. Cada máquina era diferente, sofisticada, a la medida del cliente. Eso, y la habilidad de sus comerciales y operarios para madrugar, coger un avión en El Prat y pasarse semanas en el extranjero para atender la última necesidad del cliente, es lo que ha permitido a la empresa llegar hasta hoy.
Sin embargo, cuando les pregunté por sus planes de futuro, la respuesta me dejó asombrado: “Bien, no hay planes concretos. Lo que los clientes nos pidan, ya veremos…” No era una estrategia. No había ningún secreto. Simplemente, hay empresas que todavía funcionan así. Son empresas “de nicho”, que se han especializado en una actividad concreta en la que son muy hábiles. Su principal fuerza está en la rapidez y en la capacidad de adaptación. En la flexibilidad.
Días después, otro empresario, en su caso, fabricante de textil para el hogar y mucho más sistemático y proactivo, explicaba cuál era la fórmula de su éxito. Para ello utilizó porcentajes: un 30% de metodología alemana, un 15% de marca made in Italy y un 55% de lo que él calificó como “catalan values”. Era su manera de ver el mundo. Y la verdad es que hasta ahora le ha salido bien.
Pero estos son tiempos de gigantes en los que la flexibilidad está dejando de ser un atributo de los pequeños. Las grandes empresas también han aprendido a ser ágiles y a adaptarse a cada cliente. Como Amazon, que tiene una manera de ver el mundo que está en las antípodas de lo que piensa el pequeño fabricante de máquinas para hilados. Si se le pregunta a Jeff Bezos qué quiere hacer con Amazon, seguro que les dirá que quiere comerse el mundo. Zampárselo de un bocado. Y si no lo dice, se le nota. Como a los grandes consorcios chinos, que hablan un lenguaje tan expansivo como el de Amazon.
En Alemania, modelo de estrategia de especialización para el tejido industrial catalán, con empresas pequeñas que son diez veces mayores que las nuestras, hay inquietud por el hambre de compras de los chinos, que se quedan con auténticas joyas como Kuka, de robótica.
Pero el riesgo es generalizado. El internet de las cosas, la digitalización, la revolución 4.0 permite ya a las grandes industrias hacer por el mismo precio y rapidez lo que hacen nuestras pequeñas empresas especializadas. Y ese si es un problema, porque muchas de esas empresas (sobre todo de bienes de equipo, que hacen máquinas, envases, estructuras…) son las que permiten que las nuevas tecnologías lleguen al tejido industrial catalán. Cada pérdida (y en las últimas semanas ha habido alguna) es una pérdida para todos.

 

(Publicado en La Vanguardia el 29 de octubre del 2016)

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