Inadaptados

La disrupción, el cambio súbito y profundo, no sólo afecta a las empresas. También a los partidos y sindicatos

Las Kellys, por la abreviatura de “Las que limpian”, han decidido organizarse por su cuenta. Piensan que los sindicatos no les hacen mucho caso y que no las defienden lo bastante. Las Kellys son la cara oscura del éxito turístico. Mujeres que limpian una habitación de hotel por 2,5 euros a ritmos de trabajo soportables con antiinflamatorios.
Los movimientos sociales tienden a organizarse al margen de las instituciones tradicionales. Ada Colau, por ejemplo, es una mujer catapultada a la política desde una plataforma contra los desahucios. Pero con las Kellys, los sindicatos dejan escapar un conflicto masivo y emergente en un sector que gana mucho dinero. ¿Podía ser de otro modo? El trabajo de las Kellys escapa a los convenios del sector (gracias a prácticas de externalización toleradas incluso por las administraciones). Los sindicatos no han podido, no han sabido, o no han querido detenerlo.
Los grandes cambios ponen en cuestión los intereses creados. Hacen colisionar la comodidad de unos con las necesidades de otros. Pueden ser laborales, culturales, demográficos. Y a veces envían las organizaciones tradicionales a la papelera de la historia (ahora que está de moda decirlo). Hay datos que lo explican todo. Estos días, con la celebración de las primarias en el PSC se ha difundido que la edad media de su votante es de 59 años. Y que la edad media de la militancia es de 62 años. Espeluznante, verdad? ¿Quién es capaz de frenar un proceso como ese?
Los papeles (los power point ) lo aguantan todo. Como en el mundo de la empresa, el de la política está lleno de consultores y de técnicos que llenan páginas de gráficos donde hablan de apertura al mundo nuevo y de cambio de lenguaje para rejuvenecer las organizaciones. Pero de la misma manera que es difícil cambiar las rutinas en una empresa, también lo es en las organizaciones sociales y políticas. El PSOE, por ejemplo, podrá abstenerse y hacer presidente a Rajoy. Pero lo haga o no, nada lo salvará del declive por haberse quedado out of order . No lo tenía fácil. Porque el partido parece condensar todo lo que es viejo. Por la crisis del modelo socialdemocracia practicado por la izquierda durante la crisis. O por Catalunya. Porque no hay nada más disruptivo como Catalunya para cambiar todas las lógicas de la política y la economía española. Sin Catalunya (y los recelos que despierta) los puertos estarían ya liberalizados. Como también los aeropuertos. Quizás no se habrían hecho tantas líneas de AVE… Sin Catalunya, Ciudadanos sería un partido capaz de apuntalar una agenda liberal. Y así todo…
La disrupción, los cambios repentinos y profundos, a veces también son culturales. No sabes cómo y un buen día estallan. La generación del baby boom, de joven, tenía un lema bienintencionado e ingenuo: “Queremos las cosas y las queremos ahora”. Los jóvenes actuales son de la misma opinión. Pero cuando lo dicen, no sólo piensan en valores elevadísimos. También piensan en el consumo. Cuando quieren algo, lo quieren ya. Y cuando hacen un pedido, quieren que el repartidor les llame a la puerta, como mucho, una hora después. Ya sea un móvil, unos zapatos o un videojuego. El mundo va deprisa. Adaptarse es duro.
(Publicado en La Vanguardia el 15 de octubre del 2016)
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