Que se acabe

Los políticos mienten, más que nunca, y cada día es más difícil consensuar la realidad 

 

¿Usted qué piensa que va a ocurrir con el Gobierno? Últimamente, todas las conversaciones empiezan así. Y acaban de la misma manera. Con un: nadie sabe exactamente qué va a pasar con el gobierno, con el futuro de un sistema que parece bloqueado, con la política económica. Nadie sabe nada porque las posiciones están tan alejadas y los mensajes, y el tono con el que se usan, son tan distintos que parece imposible que puedan converger en un lugar común. Hay dificultades para designar la realidad. Pero no es un problema exclusivamente local. Parece una enfermedad extendida y tiene que ver tanto con lo que se dice, con el cómo se dice y en los conductos por los que llega al público.
Dos artículos aparecidos en las últimas semanas lo ilustran. En The Economist hablan de “The post-truth world” (El mundo de la post-verdad). Los políticos mienten, dicen. Como nunca. Lo que parecía una lacra de las dictaduras, se ha extendido a las grandes democracias. En Estados Unidos, Donald Trump asegura que Barak Obama ha fundado el Estado Islámico (con la ayuda de Hillary Clinton). Y ahí lo deja para que corra y corra… El conservadurismo americano ensayó con éxito esa estrategia en los 90 cuando combatía la evidencia del cambio climático. Parecía una acusación absurda. Pero de tanto repetirla, hoy la mitad del electorado republicano piensa que el cambio climático es una conspiración de los científicos. Mucho de eso no sería posible sin la pérdida de confianza en las instituciones. Ni tampoco sin las redes sociales, que en solo cinco años se han convertido en una de las autopistas por las que circula hoy la información que llega a una opinión pública cada vez más fragmentada.
En paralelo, en The Guardian hablan de un mundo en el que cada uno piensa tener su propia verdad. En cómo la tecnología ha alterado esa verdad (How the technology disrupted the truth titulan el artículo). Lo que alarmó a sus autores fueron muchos de los argumentos (no verificados) que utilizaron los partidarios del brexit. Y de manera más amplia, en la cada vez más tenue frontera que existe entre el hecho y el rumor, en la velocidad con la que se propaguen cosas que no se han confirmado o son verdades a medias… Información que escapa a todo control gracias a la lógica de los algoritmos que ordenan la información (y a la obsesión por los clicks de los medios).
La política española adolece de idénticos males. Vive instalada en un bucle. Pero la inacción de Mariano Rajoy es sólo aparente. Las fuerzas y los mensajes que alimentan las verdades de los diferentes bandos circulan sin llegar a un consenso sobre los problemas, que se agravan. Es una estrategia rudimentaria. Pero es efectiva para sus intereses inmediatos. Los del presidente. No tanto para el resto. Tampoco, incluso, para su entorno más próximo, por lo que se ha visto esta semana. Nadie sabe cómo acabará todo esto. Pero que acabe algún día.

 

(Publicado en La Vanguardia el 17 de septiembre del 2016)

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