Una carrera de obstáculos

Después del ‘Brexit’ vendrá otro sobresalto. Y después otro. Si alguien tiene una hoja de ruta, que la explique ya…

Si alguien les dice que hace años que no se veía tanto nerviosismo en los medios financieros internacionales como el que provoca el ‘Brexit’, la posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea, sonreirán. Dirán que esto ya lo han escuchado otras veces. Desde la crisis financiera de 2007, ustedes se han acostumbrado a estos sobresaltos. Por el riesgo de quiebra de los bancos, el hundimiento de las hipotecas en los Estados Unidos, la crisis de Grecia, el frenazo de China, la caída de los precios del petróleo, la implosión de Siria y el Estado Islámico…
Pero es cierto. Nunca los medios financieros habían pronosticado tantos males si ganan los partidarios de irse de la UE. A los británicos les espera más pobreza, más impuestos y el declive de la City de Londres. A Europa, el camino de la desintegración. Y para todos, más inestabilidad. Pero los partidarios del ‘Brexit’ son inmunes a esos argumentos. Alegan razones de soberanía. En realidad, aunque no lo digan, lo que más les motiva es su rechazo (el miedo) a la inmigración. Y la sensación, que comparten con muchos otros colectivos en muchos otros países, de que la política no les protege.
Cuando el mundo despertó al siglo XXI, en los primeros 2000, la globalización era la gran oportunidad. Caían las barreras y todo parecía tan fácil que si las cosas iban mal en un extremo del planeta, la bonanza en otra parte lo compensaba. Ahora parece todo lo contrario. La interconexión en las finanzas y la inmediatez que ofrecen las tecnologías de la comunicación facilitan que un incendio en un rincón del planeta se propague en segundos a todas partes.
Pero en el 2000 no todo el mundo era optimista. Un académico canadiense pasado por el MIT, Thomas Homer Dixon, contaba en un libro que las sociedades se vuelven cada vez más complejas, pero que la habilidad para gestionarlas no avanza tan rápido. Un evento inesperado (relacionado a menudo con la escasez de recursos) puede llevar al colapso. Homer Dixon se hizo famoso porque sus argumentos fueron del agrado de Robert Kagan, ideólogo de los “neocon” americanos, que afirmaba que el mundo iba a caer en la anarquía al desaparecer la hegemonía estadounidense. Cuando se vio (o pareció) que el mundo podía ser feliz sin la tutela americana, todas esas teorías se quedaron guardadas en el cajón.
Homer Dixon ha vuelto estos días. Para decir que la crisis de Siria es el resultado final de una devastadora sequía iniciada en 2007. Y afirmar que un fenómeno meteorológico como El Niño puede ser la puntilla definitiva para Venezuela. El clima y la pérdida continuada de cosechas no son culpables de la aparición del Estado Islámico ni de la decadencia del chavismo. Pero son el evento inesperado, imposible de gestionar, que lleva a la violencia y al colapso de sociedades ya de por sí muy castigadas. De ahí al estado fallido. La selva, o el desierto.
Los banqueros de la City o de Frankfurt no deben leer a Homer Dixon. Pero estaría bien saber quién está al mando de todo esto. Si sabe adónde vamos. Porque después del Brexit vendrá otra cosa. Y la capacidad para absorber tanto sobresalto se agota.

 

(Publicado en La Vanguardia el 18 de junio de 2016)

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