Barcelona postcard

 

¿Es el turismo el maná del cielo que sustituirá a la construcción?
Es viernes. La avenida Diagonal está colapsada y un autocar lleno de polacos ocupa el carril reservado al transporte público. El taxista, un hombre nacido unos kilómetros al sur de Rawalpindi, le da al claxon varias veces. Pero el autocar no se aparta. “Esto estará así hasta octubre. Dinero, en esta ciudad se hace mucho dinero”. Entonces cuenta que cada día hace tres o cuatro viajes a la Sagrada Família para dejar gente. “La cola dura hasta la noche y todo el mundo que entra tiene que pagar 15 euros. En el Park Güell, antes era gratis, pero ahora también pagan. Y nadie protesta. A todos les parece bien”.
Él tampoco se queja. El domingo llevó a la familia al zoo, y “venga, 18 euros yo 18 euros mi mujer. Y después los niños”. Ya no parará de hablar. Del dinero que se hace en esta ciudad. Este año, dice, se ven muchos chinos y vuelven a verse rusos. “Y mira esos –señala a un grupo de adolescentes ingleses que cruzan el paso cebra con cervezas en la mano–, ahora se ha acabado la temporada de los estudiantes. También hago el taxi con ellos. Hay mucho apartamento y se pierden mucho. También pagan”.
El manual del buen periodista dice que lo último que uno debe hacer cuando llega a una ciudad es empezar a contar lo que le explican los taxistas, porque se quedará en la superficie de las cosas. Pero este hombre está desatado. Y obsesionado con el dinero. No calla. Hace seis meses viajó a Londres a ver a parte de la familia. En realidad, él también quería ir a Londres. Todos quieren ir a Londres. Pero allí su hermano necesita al menos 1.500 libras esterlinas (unos 1.900 euros) para un mísero alquiler en la periferia. Él aquí pasa con mucho menos. “Además, los hospitales están bien. Y las escuelas. Y la ciudad. La ciudad aquí está mucho más limpia”. Pero sobre todo él le ve muchas ventajas al buen tiempo y a la calefacción. “Mi hermano gasta mucho dinero con la calefacción. Yo aquí, este año casi no la he puesto. Pasamos con una estufa que me costó doce euros. Hace muy buen tiempo”. Sólo envidia a su hermano por las ayudas a los hijos. “Si quieren estudiar, te pagan cada mes hasta que acaban los estudios. Aquí no te la dan”.
El manual del buen periodista dice también que hay que preguntar a los economistas para llegar a conclusiones sobre ese maná en que se ha convertido el turismo. ¿Será el turismo el factor de arrastre de la economía (con todo lo que eso supone) como hace dos décadas lo fueron la construcción o el inmobiliario? No, no, todos te dicen que no. Salvo alguna excepción, aseguran que es muy pronto para hacer ese tipo de afirmaciones. Te dicen que sí, que es verdad, que en las estadísticas sobre ocupación, crecen mucho los empleos en la hostelería. Pero de ahí a afirmar eso, uf…
El taxista insiste. Aquí se hace mucho dinero. Y este año, todavía vendrán más turistas. Ya se nota. Más que el año pasado. Y entonces vuelve a pegarle un bocinazo al autocar de los polacos justo cuando está llegando a la plaza Macià.
(Publicado en La Vanguardia el 7 de junio del 2016)
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