La hormiga cabreada

Quien ahorró pensando en la vejez deberá rehacer sus cálculos. Llegan tiempos en los que el dinero rendirá poco

El compañero de la mesa de al lado es la hormiga de la fábula. Le roba horas al sueño y navega en la red para conseguir siempre la mejor oferta. Ya sean unos auriculares para escuchar música o unos soportes de silicona para sostener no sé qué mueble. Adquirió esta experiencia hace muchos años, cuando se especializó en buscar las mejores ofertas bancarias. Ya fueran para su hipoteca, para su depósito a plazo e incluso para el seguro del hogar. Seguramente es el hombre que más colecciones de vajillas esconde en los armarios y el que más tabletas amontona, de los años en los que los bancos regalaban esta clase de cosas para promocionar sus productos financieros.
Pero a veces la vida da giros inesperados. Y la obsesión previsora acaba en la peor de las frustraciones. Ahora es una hormiga cabreada. La banca ya le dio un primer aviso de cómo las gastaba hace tres años. Fue cuando su plan de previsión -comercialmente bautizado como “prudente”- empezó a dar pérdidas anuales. La respuesta del empleado de banca fue la canónica, aunque a él le sonó como una provocación: “Usted no debe hacer caso de esas pérdidas. Debe mirar las cosas en el largo plazo, desde que empezó usted acumula un incremento de tanto…”. Ya es el tercer año que le dice lo mismo. Y lo que es peor. Tampoco le dan dinero por lo ahorrado en la cuenta.
Un ahorrador enfadado suele ser una persona temible. En Alemania, los ahorradores llenan las filas de una extrema derecha que acusa al Banco Central Europeo de tener un plan secreto para robarles el dinero. Es para inquietarse: en la Alemania previa al nazismo, este tipo de acusaciones se hacían contra la banca internacional por estar llena de judíos. Mejor no despertar a la fiera…
Pero lo cierto es que estos son tiempos de tipos de interés negativos. O bajos, muy bajos. Puede ocurrir que los ahorradores, y los inversores en general, se hayan acostumbrado a rendimientos demasiado elevados por su dinero. Es lo que sostiene un informe publicado el jueves por McKinsey, que asegura que los últimos treinta años han sido excepcionales. Que pese a la crisis de las punto.com o a la Gran Recesión del 2008, la coyuntura permitió que los inversores obtuvieran unos rendimientos muy altos que van a caer a la mitad en los próximos veinte años. ¿Las causas? Un crecimiento del PIB global más bajo por el envejecimiento de las sociedades. Y unas empresas que, salvo quizás alguna de Silicon Valley, ganarán menos por la creciente competencia internacional.
El problema es que eso vale tanto para el inversor privado como para el público. Tanto para el inversor en bolsa como para las aseguradoras o los gobiernos. Desde luego, también para todos los que ahorran pensando en el futuro y deberán revisar esas cuentas. El compañero de la mesa de al lado ya hace cálculos e intuye que su vejez dorada se aleja. O que deberá trabajar unos años más de lo que había imaginado.

 

(Publicado en La Vanguardia el 30 de abril del 2016)

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