Taxistas

Uber y la inteligencia artificial amenazan al sector; sencillamente, dentro de 25 años no habrá taxistas

 

He sufrido taxistas de todo tipo. Simpáticos y antipáticos. Amables y otros que no tanto. Parlanchines o inquietantemente callados. Gente de buena fe, pero también individuos dispuestos a congelarme por no querer cerrar la ventana delantera en pleno invierno o de obligarme a abandonar el taxi por no compartir su ideario político. El estilo ha mejorado en los últimos años con la entrada de jóvenes y mujeres. Pero al taxista se le ha concedido siempre el atenuante de que conducir “imprime carácter” y uno debe estar preparado para todo.
La ironía ha querido que el taxi, ese universo sin protocolos para la empatía, se haya convertido en escenario de conflicto. El espacio donde acaban las sucesivas oleadas del cambios en la economía. Dos son los amenazas que se ciernen sobre el taxi. Una es bien conocida. Es la economía colaborativa, rivales como Uber. Otra, la inteligencia artificial, la perspectiva de taxis sin conductor, un escenario no tan lejano como parece.
El conflicto de Uber es nítido. Las administraciones lo temen. Tanto por la ira que despierta entre el colectivo de taxistas (que lo ven como una competencia desleal) como porque desborda su capacidad para regular un mercado sobre el que tienen poca capacidad de control (en salarios o en condiciones de seguridad). Pero hay un tercer actor, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Institución encargada de garantizar la liberalización de la economía, considera que no se debe privar a los usuarios de la eficiencia y las ventajas que traen las nuevas tecnologías, menos aún por regulaciones que considera obsoletas. Resultado: la CNMC recurre toda ordenanza que intenta cerrar el paso a Uber y allana el camino al cambio.
Si lo de Uber les resulta complejo, lo que viene ahora les puede parecer de ciencia ficción. O algo peor, según como lo miren. En la última reunión anual de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) celebrada el 13 de febrero en Washington, los mayores expertos en inteligencia artificial (Bart Selman, Wendell Wallach, Moshe Vardi) explicaron que será justamente en la conducción de automóviles donde tendrán mayor impacto los cambios en esta disciplina, en la que las empresas “invierten a un ritmo jamás conocido”. Según las conclusiones de la AAAS, los coches sin conductor (self driving cars) estarán listos en tres años. Para dentro de 25 años, razonan, no habrá nadie que conduzca un coche. “Por primera vez vamos a ver esas máquinas y sistemas como parte de nuestra vida cotidiana”.
Selman, Wallach y Vardi explicaron que habrá menos accidentes, pero también menos empleo. Eso ya era previsible. Menos previsible son las reflexiones que acompañaron la presentación. “Hay que darse prisa. Debemos empezar a pensar seriamente en qué harán los humanos cuando las máquinas lo hagan casi todo. Habrá que redefinir el sentido de la buena vida sin el trabajo”. Queda un único consuelo. Que al paso que vamos, la alegría le durará poco a Uber.

(Publicado en La Vanguardia el 20 de febrero del 2016)

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