Caos

De una crisis bancaria a otra; de cómo en la evolución de las finanzas del siglo XXI sólo se percibe ambición y caos

Hollywood es una máquina muy efectiva a la hora de reciclar los traumas de la vida americana. Lo fue con la guerra del Vietnam. Lo es ahora con la crisis financiera e inmobiliaria del 2007-2010, la de las llamadas hipotecas basura. El 22 de enero se estrenó La gran apuesta, “The Big Short”, que describe la intrahistoria de aquella crisis a partir de cinco personajes que supieron prever el colapso que se avecinaba.
La película llega justo cuando parece legítimo preguntarse si lo que ocurre estos días en bolsa es el prólogo de otra crisis bancaria, ¡sólo nueve años después de la que provocaron las hipotecas basura! La que ahora inquieta a gobiernos e inversores tiene poco que ver con la que detonó el 2007. Entonces, el problema estuvo en el empaquetado de hipotecas de baja calidad (incobrables en muchos casos) y su reventa a parte del sistema financiero mundial con el apoyo de sofisticadas garantías matemáticas.
Esta vez la sospecha no recae en un producto financiero. Es la banca entera la que inquieta. Y, de hecho, lo que ocurre es, en gran medida, la continuación y resultado de aquella primera crisis. Estados Unidos salió de aquel trance con tipos de interés a cero y compras masivas de bonos federales que regaron la banca de liquidez. Todo ese dinero buscó altas rentabilidades y las encontró en el crédito a los países emergentes. Eran los años del “decoupling”, es decir, se pensaba que China y otros países en desarrollo iban a sustituir a la máquina occidental en el crecimiento. No fueron los únicos en participar del nuevo Eldorado. La banca y también las empresas europeas (el continente estaba entonces sumida en la crisis de la deuda soberana) se sumaron a la fiesta.
El resultado fue que los emergentes (gobiernos y empresas) se endeudaron a tope. Cuando esto se hizo perceptible a mitad del 2015, el dinero empezó a desertar. La primera subida de tipos de interés de la Reserva Federal en diciembre reforzó el dólar y actuó como la puntilla definitiva. China dio muestras de flaqueza y la burbuja creada alrededor de las materias primas y el petróleo pinchó.
Los balances de las grandes empresas y de la banca que les dio crédito, pagan ahora la aventura. La banca europea en especial. Porque, además, está sobredimensionada. Porque las políticas regulatorias, pensadas para no repetir nuevas crisis y contagios, presionan su capital. Y porque la economía está entrando en la era de los tipos de interés negativos. Impotentes para crear las condiciones de un crecimiento sólido, los bancos centrales prueban ahora esta solución excepcional. Factible sobre el papel. Corrosiva para la banca, que no sabe muy bien cómo lo hará para ganar dinero.
En La gran apuesta, Hollywood combina la hábil dramatización de la historia con una explicación conspirativa que parezca creíble. Hay que detectar nítidamente al malo para que todos volvamos del cine a casa tranquilos. En realidad, ni en la crisis del 2007 ni en la que se avecina es posible identificar una trama. Tristemente, en la historia de las finanzas del siglo XXI sólo se percibe ambición y caos.

(Publicado en La Vanguardia el 13 de febrero del 2016)

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