Mao y la alquimia

Hija de la alquimia de la Edad Media, la estrella de Damm vende en China por su proximidad cultural
China es un mercado difícil para el que quiere vender allí. Es un mercado gigante y caótico. La distancia cultural es tan grande que lo pone muy difícil, por ejemplo, para las empresas alimentarias. Sólo triunfan marcas globales bien asentadas. Y aun así. Otras fracasan o se ven obligadas a cambiar de estrategia. Hay ejemplos cercanos. Nutrexpa se instaló allí en 1990 para fabricar el Cola Cao (GaoLeGao). Vendió la filial hace unos meses después de años de lucha contra los elementos (el mayor de los cuales, el bajo consumo de leche de la población). Agrolimen abrió una fábrica de Avecrem (los cubitos de caldo concentrado) en 1993. Lo dejó correr en el 2008 después de años e intentos de aproximación a los gustos locales.
Ahora es Damm la que intenta abrirse camino en China. Paso a paso. Con delegación propia y con distribuidores locales. La cerveza es una bebida culturalmente próxima. Pero lo que más sorprende de los planes de la cervecera catalana, sin embargo, es la estrategia de penetración del grupo: lo hace con la Estrella Damm de toda la vida, la del fondo rojo y la estrella dorada.
El negocio de la cerveza tiene tres componentes: agua, aluminio (en el caso de la lata) y la publicidad. Mucha publicidad y mucho diseño. Por eso Damm es una de las empresas locales que más activas han sido en el campo del diseño. Ha sido y es la cerveza de Barcelona y la del Mediterráneo. Sus diseños han sido fruto del trabajo de artistas como Mariscal o David Torrents, de invitados inesperados como las Chicks on Speed o se han dejado influir por las ideas de nombres como Custo o Ferran Adrià.
En China no. En China vende el rojo y la estrella dorada. La simplicidad.
En la edad media, la estrella de David identificaba al gremio de los cerveceros en Alemania (aunque por el camino perdió una de las puntas y se quedó en cinco). Era una manera de hablar de la alquimia con que se elabora la cerveza: el malteado, la cocción, la fermentación, el agua y el fuego. Como otras marcas cerveceras, August Kuentzmann Damm la trajo consigo cuando llegó de Alsacia para asentarse en Barcelona en 1876. El símbolo, entonces negro sobre blanco, todavía puede verse hoy en la fachada de la vieja fábrica de la calle Rosselló de Barcelona.
En China, el rojo es el color de la felicidad y de las celebraciones. Mao Zedong supo apropiarse de ello. La joven guardia roja cantaba “El Oriente es rojo” mientras sembraba el terror durante la revolución cultural. Mao también supo quedarse con las estrellas. Hoy la bandera china tiene fondo rojo y cinco estrellas amarillas de cinco puntas “que simbolizan la unidad del pueblo revolucionario bajo la dirección del partido comunista”.
El rojo y la estrella. La vida da muchas vueltas. Pero a veces, también, origina unas oportunidades comerciales insospechadas.
(Publicado en La Vanguardia el 16 de enero del 2016)
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