Cuestión de horas

Amazon y El Corte Inglés pugnan por las entregas de las compras online

 

El Corte Inglés entrega algunos de los pedidos que se realizan on line en sólo dos horas. Si hace un año alguien hubiera contado algo así, no le habrían creído. No había, en apariencia, emporio comercial más asediado y con mayor necesidad de renovación que los grandes almacenes que fundara Ramón Areces en 1890. Pero así ha sido, y el movimiento no tiene más explicación que el de hacer frente a la competencia de empresas como Amazon que, en según qué mercados, intenta incluso rebajar esas dos horas en el tiempo de entrega.
En la cifra de negocio del sector, el comercio electrónico representa sólo el 1,6% (según los últimos datos oficiales, del 2014), pero es también el que más crece (un 19% anual). Lo hace entre el consumidor más urbano y joven.
Todavía hay webs en las que uno queda atrapado y no sabe muy bien en qué planeta se encuentra. Cierto. También lo es que muchas empresas de logística parecen viejas compañías de reparto. Pero cuando alguien está desesperado porque una hija le pide “esa muñeca Monster High con las gafas coloradas” y no la encuentra en la tienda, al final se rinde y se va a internet. Porque a ella ya no se la puede contentar con la misma muñeca pero con gafas azules o cualquier otro sucedáneo. Eso son trampas de otro tiempo. El deseo en el consumo es hoy urgente y preciso.
El comercio es el sector que mejor refleja cómo lo digital transforma la economía. Intenten recordar cómo eran las cosas en el 2000 y prueben de imaginar cómo serán dentro de quince años. Es lo que acaba de hacer la consultora McKinsey en “The consumer sector in 2030”. Muchas de las tendencias que apunta son predecibles: el desplazamiento masivo hacia la compra por móvil, el envejecimiento del consumidor (esa es fácil), la obligada obsesión por conocer todos los detalles sobre el cliente (eso que llaman “analytics”)…
Pero en muchos aspectos, ese futuro es una incógnita. Para algunos, la transformación es tan acelerada que las nuevas empresas lo tienen más fácil porque nacen ya con las ideas claras. Con la internacionalización en la cabeza y la experiencia del usuario y la diferenciación del producto definidas Pero movimientos como el del Corte Inglés prueban que las viejas organizaciones se adaptan. Ha bastado con que Amazon anunciara su intención de penetrar con más fuerza en el mercado barcelonés para que el grupo acelerara sus planes, por ahora restringidos a seis ciudades.
Un apunte para nostálgicos. Esta semana, Cerberus, uno de los fondos de inversión más agresivos, ha comprado Avon. La que ha sido la mayor empresa de venta de cosméticos puerta a puerta en el mundo –conocida por el “Avon llama a su puerta”– está en plena crisis de madurez. Y lo probable es que en el futuro no sea los únicos en llamar a la puerta. En realidad no daremos abasto.
(Publicado en La Vanguardia el 19 de diciembre del 2015)
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