Ocho años después

En el inmobiliario he vuelto a ver dinero y he vuelto a ver gente que parecía que se los había tragado la tierra”

Hay un señor que se dedica al sector inmobiliario que cada vez que visita una ciudad o un barrio por razones de trabajo, lo primero que hace es ir al colegio más próximo a la hora que salen los niños y observar. No se alarmen. El interés del hombre es puramente sociológico. Dice que observar a madres e hijos -la procedencia, la manera de vestir- le permite hacerse una idea rápida del barrio que le ha tocado, del perfil del negocio y de quiénes serán los intermediarios con los que deberá tratar. También le gusta decir que hay un mercado potencial de alquiler, un mercado de propiedad en baja forma, y un mercado donde no se paga (familias ocupas, vaya, pero no exactamente por razones ideológicas).
Su visión de la realidad inmobiliaria es cruda, políticamente nada correcta. Pero es muy realista. Y él no entiende cómo el mundo real se parece tan poco al mundo oficial, al de las estadísticas y a lo que sale en los medios de comunicación. Esta manera de ver las cosas se explica porque parte de su trabajo es el de actuar como “recuperador”. También es un nombre que suena extraño. Casi de película de Tarantino. Pero la “recuperación” es hoy una parte importante del negocio inmobiliario: muchas empresas recuperan créditos hipotecarios impagados y las viviendas que están vinculadas.

Recuperar quiere decir, por ejemplo, negociar con alguien que no puede pagar. Y ver qué se hace… O hacerse cargo de un edificio fantasma que alguien levantó alegremente en el 2008 en un lugar donde no llega el autobús y donde hoy cuesta imaginar quién irá a vivir. Sobre todo porque cuanto más va, más se deteriora.

La recuperación es hoy una parte importante del negocio. Ha sido tan profunda la crisis financiera e inmobiliaria, y durarán tanto sus efectos, que las entidades financieras no paran de aligerar sus balances transfiriendo la gestión de “activos tóxicos” a estas empresas. Alguien dijo en el último Meeting Point de Barcelona, que el negocio se vuelve a reactivar. Y que venimos de tan abajo que hay futuro. Quizás es verdad, pero el negocio se reactiva de maneras y con ritmos muy diferentes según sea el caso.

También son diferentes los actores. Hay inmobiliarias pequeñas, unas pocas de las que había en el 2007. Han sobrevivido porque fueron prudentes y se conocen cada manzana y cada escalera. Han desaparecido las medianas (recuerdan Martinsa o Metrovacesa?). Y también están los grandes. Fondos de origen financiero -muchos de capital americano o global- que están en el negocio porque ven oportunidades. Pero son actores de circunstancias. Se marcharán cuando el negocio que llevan entre manos (la gestión de las grandes carteras procedentes de los balances de la banca) deje de serlo. Muchas veces no son ni propietarios de los activos. Sólo los gestionan.
Mucha gente que estuvo en el encuentro explicaba que se sentía rejuvenecida. “He vuelto a ver dinero. Y he vuelto a ver gente que parecía que se la había tragado la tierra. Con las mismas caras de hace ocho años”. Pero en realidad, si uno se lo mira de cerca, nada es lo que era.

(Publicado en La Vanguardia el 31 de octubre de 2015)

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