Qué hemos aprendido

 

Si existen argumentos económicos que avalen que Catalunya debe seguir como hasta ahora, estos no han aparecido en campaña
Discutir de economía cuando se va a las urnas debe ser difícil. La emotividad le gana a la razón y los argumentos se sirven en sal gruesa. No tiene por qué ser así. En las semanas previas a la celebración del referéndum de Escocia, en septiembre del 2014, las páginas de opinión de Financial Times, vistas desde aquí, eran para morirse de envidia. Por la altura de los argumentos.
No ha sido este el caso de las elecciones que se celebran mañana. Pese a su carácter casi plebiscitario. Los mensajes del campo independentista se han envuelto en buen rollo y han dibujado un futuro espléndido. Han dado las ventajas económicas por supuestas. Eso puede ser aceptable si se habla del final del trayecto. Pero es discutible si a lo que uno se refiere es a la transición. La inestabilidad no la evitará nadie. Porque lo que se propone es un cambio estructural profundo. Y eso siempre conlleva riesgos.
Frente a eso, los partidarios de mantener el actual estado de cosas han optado por exagerar los inconvenientes y por el miedo. Miedo a perder las pensiones, a estar fuera del euro, a perder empresas, al corralito bancario, a la exclusión financiera. Una explicación de esa estrategia indica que quizás nunca se tomaron en serio las demandas y el malestar que han permitido llegar hasta aquí. Nunca las escucharon. Ahora las descubren y piensan que pueden reconducirlas con esos métodos. Pero eso, en sociedades democráticas maduras, no funciona.
Es también la estrategia del que se siente más fuerte. En según qué cultura política (y eso es extendible a los argumentos económicos) discutir con el adversario se interpreta como una debilidad. Discutir es aceptar que hay un problema. Por desgracia, la única ocasión en toda la campaña en que se ha quebrado esa norma (el debate en 8TV entre el ministro de Exteriores José Manuel García Margallo y el presidente de ERC, Oriol Junqueras) les ha reforzado en esa creencia. Ante el riesgo de perder, mejor no discutir.
A veces los errores pueden ser graves. Como el de Luis María Linde, gobernador del Banco de España. Vaticinar, sin encomendarse al comité ejecutivo de la institución, algo tan extremo como un corralito bancario, y después matizarlo, está lejos de un cargo al que se le supone el don de la palabra (en la moderna política monetaria, las palabras son las armas que guían los mercados).
No se ha discutido sobre aeropuertos o puertos (la absurdidad de dirigirlos desde muchos kilómetros de distancia) o sobre una financiación desequilibrada (la imposibilidad de gestionar una administración sin bases fiscales). Sobre muchas cosas, en suma, que son vistas como un maltrato estructural y que han sido el carburante que ha alimentado el malestar. Quizás no había nada que ofrecer. Si eso es así (y hay muchas razones para pensar que lo es), todo seguirá como hasta ahora. Durante muchos meses. Gane quien gane y se interprete como se interprete el resultado de estas elecciones.
(Publicado en La Vanguardia el 26 de septiembre del 2015)
Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s