Cómo trabajamos

Acusan a Amazon de haber creado un entorno de trabajo hiper-competitivo, pero seguro, seguro que no son los únicos

En algunos programas de la televisión pública catalana, cuando los periodistas tienen el producto casi acabado, se reúnen para practicar lo que llaman “tiro al pato”. Es decir, el programa se somete a la crítica abierta de los compañeros. Parece una cosa natural. Sensata. Inteligente. Pero no es fácil. Que alguien critique lo que acabas de hacer delante de quince personas, no todo el mundo lo supera. ¡No es exactamente como en la serie “Mad Men”, donde alguien dice “va, Don, sabes que eso que acabas de presentar es una mierda!” y el otro agacha la cabeza y se va a tomar un whisky.

Hacen falta ciertas habilidades para sobrevivir a este tipo de prácticas. Empatía. Sangre fría. Morderte la lengua a tiempo. Criticar sin herir el otro. Y poner el ego en remojo (los periodistas lo tenemos alto, pero no somos los únicos). En las viejas organizaciones eso no importaba. Se trabajaba poco en equipo. La solidaridad de grupo prevalecía por encima del rendimiento individual. Y la testosterona, en situaciones límite, lo resolvía todo con un par de empujones.

En las nuevas organizaciones, en la economía del conocimiento, en los servicios avanzados, esto no va así. Te contratan por el talento, en teoría, no para decir amén a todo. (Y si dicen que lo hacen por el talento pero lo que quieren, en el fondo, es que digas amén, es que alguna cosa falla). Y el personal con el que tienes que convivir es el mismo que en las viejas organizaciones. Está el trepa. El zángano. El que sabe retorcer los argumentos. Y el psicópata, que también los hay.

Esta semana Amazon ha sido acusada de haber creado una cultura hiper-competitiva en sus oficinas. También someten tu trabajo a la crítica pública. Pero en la empresa de Jeff Bezos van más allá. Les acusan de arruinarte la vida si te pones enfermo de cáncer o las cosas no van bien en casa y se te nota. De propiciar jornadas de ochenta horas. De incitarte a criticar a los compañeros en las entrevistas de evaluación. Y no me extraña. No porque tenga una especial animosidad hacia Amazon. Pero las grandes empresas “que mueven el mundo” o que “están cambiando el mundo” deben ser así. Lo es Goldman. Y dicen que también lo es Netflix, por ejemplo. Te pueden seducir con condiciones de trabajo estrafalarias (gadgets, comedores con cocina vegana, futbolines en la sala del café), con dinero… Pero piden de ti el cien por cien. Y tampoco es una novedad. El mundo de los abogados lleva décadas con modelos de trabajo tan competitivos que sería un buen precedente.

Si lo que quieres es estar en la cumbre, justifican, hay que estar al cien por cien. Darlo todo. No piensen, si uno se queda abajo, las cosas no irán mejor. Un estudio presentado esta semana por la UGT catalana sobre ofertas de trabajo, indicaba que un 37% paga sueldos de entre 5 y 8 euros brutos la hora. Y en según qué ofertas, ganas puntos si demuestras algún tipo de discapacidad… Para fregar mesas o cuidar gente. ¿Pero no es exactamente eso lo que todos queremos, verdad?

(Publicado en La Vanguardia el 25 de agosto del 2015)

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