Después del vendaval

El plan aceptado por Atenas cruza muchas de las líneas rojas fijadas en su día por Syriza y puede ser el germen de su destrucción
Siete meses después de la llegada de Alexis Tsipras a la presidencia del Gobierno, Atenas ha aceptado un plan de rescate de 86.000 millones de euros que la obliga a aplicar uno de los programas de reformas más severos jamás adoptado por un país de la UE. Deberá hacerlo a tal velocidad que hace dudar de su éxito: según el periódico griego Kathimerini, deberá aprobar hasta 46 leyes antes de diciembre. A Grecia le esperan dos años más de recesión, y en muchos aspectos, el plan de los acreedores es más duro que el que Atenas rechazó en junio y que fue refrendado en referéndum el 5 de julio. Paradójicamente, será un Ejecutivo que ha hecho bandera de la política antiausteridad el que deberá aplicar ese ajuste. Aun a precio de que el partido que le da su apoyo, Syriza, se rompa.
El vendaval Syriza se materializó el 25 de enero del 2015. Seis años antes, el primer ministro George Papandreu había declarado que Grecia “es un barco que se hunde”. Con un déficit público del 15%, los mercados amenazaban con dejar de financiar Atenas. El líder del Pasok se vio obligado a pedir ayuda. Grecia fue receptora de dos paquetes de créditos (110.000 millones en el 2010, y 130.000 millones en el 2011) aportados por los países europeos, el FMI y el BCE. Todo al precio de un duro ajuste que conllevó despidos masivos, recortes en pensiones y servicios públicos y recesión. Syriza cabalgó sobre la ola de indignación que siguió al ajuste. Lo hizo tan bien que dejó sin margen de maniobra al resto de partidos políticos griegos.
En verano del 2014, Tsipras llamó a Texas para contactar con el economista Yanis Varufakis. Mediático, experto en teoría de los juegos, Varufakis hizo campaña como virtual ministro de Finanzas. El efecto Syriza era ya un seísmo cuyos temblores se dejaban sentir en toda Europa.
Formalizado el gobierno, quedaba el gran problema que arrastra Grecia: cómo devolver una deuda que el propio FMI considera una carga insostenible. Empezaron las negociaciones. Pero la retórica nacionalista de Tsipras y la soberbia académica de Varufakis fueron una pesadilla para el atildado Eurogrupo. Cinco meses de caos que terminaron en junio julio con el impago de un crédito al FMI, un corralito bancario y el país al borde del colapso.
En ese periodo, Syriza malgastó parte de su capital exterior. En especial en EE.UU. donde Varufakis encandilaba a los auditorios. El propio FMI había admitido que calculó mal los efectos contractivos del ajuste. Jeffrey Sachs y James Galbraith asesoraban a Varufakis. Pero la razón teórica no lo es todo. “Un buen académico no siempre es un buen político”, deslizó Tsipras en privado una noche de junio en una cena. Varufakis, convertido en obstáculo para el pacto, cayó 24 horas después del referéndum. Tsipras había calculado mal el equilibrio de fuerzas en el seno de la UE. Frente a la legitimidad democrática griega estaba también la de los electores alemanes.
Tsipras había empezado a pensar en términos de supervivencia política. Fichó al centrista Euclides Tsakalotos y viró al centro. El próximo otoño confía en ganar una moción de confianza y en absorber votos del centroizquierda que compensen la previsible escisión del ala más izquierdista de Syriza. La estabilidad financiera es ahora la prioridad de su política. Y ha cruzado las líneas rojas que se impuso en enero: subir impuestos, endurecer pensiones…
En términos estrictamente financieros, el precio de Syriza puede leerse como una lamentable pérdida de tiempo (Saxobank calcula que puede costarle a Grecia un 5% del PIB).
Pero la principal víctima será la sociedad griega. Las reformas que condicionan el plan obligan a cambios en la justicia, la fiscalidad, el derecho laboral, la competencia, la seguridad social, la educación los transportes, la privatización de puertos, aeropuertos y líneas férreas. En algunos aspectos es de una minuciosidad exasperante (cálculo del precio del pan, número de alumnos por aula…)
Y lo que es peor. El plan condena a Grecia a más años de recesión.
(Publicado en La Vanguardia el 16 de agosto del 2015)
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