Transparencia en Silicon Valley

Sobre Wall Street y los negocios de Internet

Se atribuye a Evgeny Morozov, un bielorruso residente en Estados Unidos y profesor visitante en la Universidad de Stanford, el término “solucionismo tecnológico”. Se trata, según Morozov, de una parte esencial de la ideología que ha dominado el universo mental de Silicon Valley en los últimos años. Resumida de manera esquemática, dice así: todos los problemas del mundo tienen su arreglo a través de la tecnología, en particular de internet. Dicho de forma todavía más burda: no hay tara, problema o necesidad que una buena app no resuelva.
Sergey Brin y Larry Page, fundadores y principales accionistas de Google, forman parte del cuadro de honor de los que piensan de ese modo. Son el resultado de un mix de pensamiento en el que se integran a partes iguales ambición legítima, ciertas dosis de mesianismo y algo de soberbia (Morozov diría que mucha).
Durante años, los recursos procedentes del gran buscador de internet han servido para alimentar algunos de los proyectos que caían en las manos de Brin y Page. Hubieran nacido de su propia ingeniería o fueran el proyecto de pequeñas empresas que han ido comprando sobre la marcha.
Brin y Page no se han detenido ante nada y, en según qué cosas, superan a Elon Musk (el guía de Tesla) en capacidad de riesgo. Están metidos en el coche sin conductor; han sacado al mercado las gafas inteligentes, se han aventurado en drones y otros ingenios… Más recientemente, con Calico Labs, le han querido echar una mirada al más allá y flirteado con la eternidad a través de una empresa que investiga en el misterio de la longevidad.
El problema es que han financiado todo eso con los ingresos procedentes del buscador. No hay nada malo en ello. Pero esa no es la opinión de Wall Street, que lleva años irritado con la opacidad de los balances de los gigantes de Internet. La creación de la nueva estructura empresarial, a través de la cual será posible determinar qué proyectos de Google son rentables y cuáles no, limitará sustancialmente esa manera de funcionar.
Silicon Valley no modificará por ello su manera de ver el mundo. Está cambiando la economía del planeta y el gran talento mundial seguirá fluyendo hacia allí. Pero algunas de las quimeras en las que anda metido el Valle, recibirán –para bien o para mal– cierto baño de realismo.
 (Publicado en La Vanguardia el 12 de agosto del 2015)
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