Ciudades-Estado

El gobierno británico acusa a Londres de “succionar la vida del resto del país”

Hace unos días, el HSBC, el primer banco británico, indicó que estudiaba la posibilidad de abandonar Londres para instalarse en un país asiático. El anuncio, motivado por el rechazo del banco a aceptar la más estricta regulación nacida de la crisis del 2007, no gustó al primer ministro, David Cameron. Tanto por su falta de oportunidad –a unos días de las elecciones-, como porque implica una pérdida importante de ingresos y sentaría un peligroso precedente.

La City de Londres y el Reino Unido mantienen una vieja relación de amor-odio que se agudiza cuanto más poderosa es la metrópolis. Entre 2008 y 2015, Londres ha crecido el doble que el resto del Reino Unido. Y en ese periodo, el inmobiliario de la capital ha doblado los precios, inmune a una crisis que aquejaba al resto del mundo occidental (y al Reino Unido).

Sólo la City emplea a 700.000 personas. Pero es la punta del iceberg. De Londres inquieta su dimensión, su creciente peso respecto al resto del territorio. Esta semana, en la BBC, Vince Cable, ex ministro de Empresa, culpaba a Londres de “succionar la vida del resto del país”. Boris Johnson, alcalde de Londres calificó sus palabras de “ridículas”. Cable dijo eso en el debate sobre la ampliación de los aeropuertos. El Gobierno los quiere fuera de una urbe que describe como el escenario caótico de Blade Runner. Quiere compensar la macrocefalia de la capital. Pero la inercia es tozuda: quien quiere ir a Londres, quiere el aeropuerto en Londres.

Las ciudades van ganando peso en la economía mundial. Es en ellas donde se produce la mayor parte del PIB. De donde surgen la mayor parte de innovaciones. Donde se ganan los mejores salarios. Y esa urbanización acelerada que rompe las costuras de los estados-nación, provoca miedos. Londres, ciudad-estado, inquieta.

Salvando las distancias, que son muchas,  Barcelona se define también en contraposición a Catalunya, que no es un estado pero sí una nación. Barcelona se expande porque ha conectado con mayor rapidez con el exterior y porque está en el mapa. Su economía se ha modelado según la competencia internacional: más economía del conocimiento, poca manufactura, servicios profesionales, turismo…   Tiene también un gobierno metropolitano, pero se ha quedado obsoleto porque carece de discurso y se mueve más por expectativas de reparto político que por funcionalidad.  Por ello comarcas vecinas, como la antes industrial Vallès, levantan la voz para quejarse de una dinámica que les condena a convertirse de manera acelerada en un almacén logístico.

Se ha definido la contraposición Catalunya-Barcelona en términos políticos: nacionalistas y federalistas, ensimismados y cosmopolitas. Eso quizás estuvo bien en el pasado. Fue tan cómodo como paralizador. Hoy toca buscar fórmulas de gobierno que sirvan a todos. Los que piensan que están a punto de tocar el cielo. Y los que temen que el tren acabe por pasar de largo.

(Publicado en La Vanguardia el 2 de mayo del 2015)

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s