Almendras

La sequía en California, el cultivo del almendro y las bajas expectativas del sector en Catalunya

Los almendros son los primeros en florecer. Llevan tan mal lo de las heladas que en enero y febrero rompen ya con su color el paisaje gris del invierno. Hay campos de almendros, pero hay muchos más almendros al pie de los caminos, como si quien los hubiera plantado confiara poco en su rendimiento y mucho más en su valor decorativo. En realidad, como cultivo, los almendros han sido uno de los hermanos pobres de la producción mediterránea. Décadas de precios de ruina han acabado por convencer a muchos que lo más razonable era abandonar.

Pero los cambios aparecen cuando menos se les espera. California, origen hasta ahora del 80% de la almendra mundial, está a un paso de renunciar a gran parte de ella por una sequía que dura ya hace años y que promete durar unos cuantos más. California ha ido siempre por delante en innovaciones agrícolas. Entre ellas, también, el cultivo del almendro en regadío (mucho más rentable que el de secano, marginal). Ahora se enfrenta al dilema de elegir “entre las almendras y la gente” explicaba esta semana David MacLennan, presidente de Cargill, quien añade que “deberíamos plantearnos si California es el mejor lugar del mundo para producir almendras”.

Cargill no produce almendras. Tampoco es una empresa que haya mostrado una especial sensibilidad con las cuestiones ambientales (y California se lo merece , en cuestiones energéticas no es exactamente un modelo). Pero Cargill es uno de los cinco grandes de la agricultura mundial. Y lo que preocupa a esta multinacional es la volatilidad que fenómenos como el de California provocan en el mercado de materias primas. Para Cargill, la falta de sostenibilidad de los cultivos se ha convertido en un problema porque desestabiliza los precios en unos mercados que demandan cada vez más transparencia a los productores.

Gracias a una creciente demanda, y a la sequía californiana, los precios de la almendra está hoy en niveles récord. Inversores que ayer probaban suerte en otros activos, se disponen ahora plantar almendros para obtener fuertes réditos de la cosecha. Uno de estos inversores contaba estos días la perplejidad que provoca viajar a las zonas históricamente productoras (el Camp de Tarragona, por ejemplo), a donde se desplazó recientemente para prospectar campos de cultivo. “Puedes comprar todo el suelo que quieras, hay hectáreas y hectáreas abandonadas” contaba a su regreso.
Hay razones que explican esta situación. Una, la baja innovación generalizada en este cultivo. Otra, el recelo ante unos precios que el pequeño agricultor ve lejanos y no controla. “¿Cuánto va a durar esta bonanza? -se preguntan- Si todo el mundo empieza a plantar ahora, dentro de dos o tres años los precios se hundirán…”. Pero para el inversor, que se mira el campo de otra manera, la causa está las expectativas que generaron esos terrenos durante la burbuja inmobiliaria y el penoso desenlace final. Mientras tanto, las almendras esperan.

(Publicado en La Vanguardia el 26 de abril de 2015)

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s