Nordic Noir

El escándalo Rato es un reflejo de la descomposición de las instituciones del Estado

Además de la catapulta de la televisión, Podemos y Ciudadanos dicen compartir un mismo modelo de referencia: la economía nórdica. En el caldo de cultivo del que surge el partido de Pablo Iglesias está también la Venezuela bolivariana. Pero a medida que pasan las semanas, Escandinavia gana protagonismo en sus apariciones públicas. En el caso de Ciudadanos, la referencia a Dinamarca como horizonte al que España debe aspirar está ya en el imaginario de Luis Garicano, el economista de cabecera del partido de Albert Rivera.

Que el partido de centro-derecha en ascenso y la izquierda populista coincidan en las mismas referencias puede provocar perplejidad. Pero es un reflejo de la fuerza y vigencia de las economías nórdicas en estos tiempos de desorientación. Sin que sea por ello una noticia nueva: en los 70, la mitad del arco político catalán (empezando por CDC ) hubiera firmado su adhesión a la socialdemocracia suave de Suecia.

Lo que más gusta del modelo nórdico es su capacidad para preservar amplias áreas del estado del bienestar sin renunciar al mercado ni perder mucha competitividad. Pero es un modelo diverso. Está Dinamarca, de la que se elogia el sistema de protección social y de desempleo. Islandia, 300.00 habitantes (los mismos que l’Hospitalet de Llobregat) que le han plantado cara a las instituciones internacionales y a la banca , lo que les ha ganado la admiración de los alternativos.
Está Noruega, que vive del petróleo. Suecia, que es la madre de todos los modelos nórdicos. Y, por supuesto, Finlandia, la que más interés despierta por su resiliencia. Por su capacidad para levantarse después de cada tropiezo. Finlandia lo hizo bien en los 90. Vio hundirse la Unión Soviética, su principal mercado. Entró en una recesión pavorosa y salió de ella como reina de la innovación. La fórmula duró hasta que Nokia perdió la carrera del móvil frente a asiáticos y americanos y el país empezó a flojear por su envejecimiento. Pero cuidado con ellos: la sede de la primera gran fusión empresarial europea nacida del mercado (Nokia-Alcatel-Lucent) tendrá su sede en Helsinki. No en París ni en Berlín.

Las economías nórdicas son, pues, el fruto de experiencias muy diversas. Pero con algo en común: un amplio consenso social y el haberse dotado de unas instituciones sólidas a las que todos respetan. La novela negra escandinava (el nordic noir que le llaman ahora) describe sociedades oscuras llenas de secretos amenazantes. Pero es inimaginable que en una sociedad nórdica el estado alcance tal grado de descomposición institucional como el que refleja el escándalo Rato en el caso de España. El benchmarking está bien. Las etiquetas para ganar votos son legítimas. Pero sentar las bases de un modelo como el nórdico implica años de trabajo. De colocar el trabajo y la meritocracia en el centro de todas las cosas. Y para eso hace falta algo mucho más.

(Publicado en La Vanguardia el 18 de abril del 2015)

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