La marca

España tiene hoy una imagen débil en Asia y mala en Venezuela, en Argentina y… en España

El gobierno de Mariano Rajoy creó Marca España en junio del 2012. Un mes después, la prima de riesgo (que mide la salud financiera exterior de una economía) alcanzó los 650 puntos y España estuvo a sólo un paso de salir del euro. De lo que se trataba entonces era de vender las bondades de la economía española en el exterior cuando su prestigio estaba por los suelos. El 2013 fue duro para Marca España. El 2014 menos. Este 2015, todavía menos.

Según los informes que elabora Marca España, en colaboración con el Instituto Elcano, España tiene hoy buena imagen en el exterior. Una imagen desigual en los Estados Unidos. Una imagen débil en Asia (en China especialmente). Y una mala imagen en Venezuela, en Argentina…y en España.

El alto comisionado de Marca España, Carlos Espinosa de los Monteros, que ha estado esta semana en Barcelona para presentarla, ha justificado esa mala imagen en la historia, que habría formateado un carácter especialmente autocrítico en los españoles. No habría, por tanto, en esa percepción negativa rastro de censura hacia una visión monolítica de España (algunos dirían que directamente castellana). Tampoco el reflejo de los que la ven mal simplemente porque ya no se sienten españoles.

Volvamos al verano del 2012. En junio no sólo estaba en juego la pertenencia de España en el euro. También el nacionalismo catalán iniciaba el camino del soberanismo. Aquel verano, pues, España pensaba que podía entrar en implosión, el Gobierno apelaba a los valores “propios” como fórmula para vitaminarse y una parte de la sociedad catalana empezaba a pensar que era mejor largarse. Meses después hubo ligeros contactos entre el comisionado de la Marca España y la Generalitat. La Generalitat estaba por otra cosa, por la difusión exterior de Catalunya. El comisionado, en eso, siempre ha tenido las ideas claras: “las marcas regionales no existen”. Un abismo, vaya.

El abismo persiste. En el vídeo sobre el talento español presentado esta semana en Barcelona aparecen, entre muchas otras cosas, los hermanos Gasol, Mireia Belmonte, la Pedrera, Miró o la Sagrada Familia. Todo ello proyectado sobre una estructura en forma de una virgulilla inmensa, que es la grafía que acompaña a la “ñ”, única letra particular del alfabeto español. Los consultores del comisionado aseguran que la mencionada grafía refleja las olas del Mar Mediterráneo, la adaptación y flexibilidad española ante los contratiempos. No creo que los la hayan visto lo entiendan así.

Lo único tangible en todo este asunto es que el espectáculo de luz y sonido se haya producido en el contexto del Mobile Congress, en Barcelona, esa sí, una marca tangible y ahora mismo la más potente de todo el estado. Prueba quizás de que las administraciones proponen y las empresas, y la economía, disponen.

Una marca que es de una ciudad pero, también, de otra manera, mucho más abierta y compleja de ver el mundo.

(Publicado en La Vanguardia el 7 de marzo de 2015)

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