Rosa de Fuego

La irrupción de Guanyem obligará a hablar del modelo económico de ciudad, del turismo y los congresos

Fue el periodista hispano-uruguayo Antonio Loredo quien bautizó a Barcelona como la Rosa de Fuego, licencia poética de sabor romántico y libertario con el que quería expresar el clima de insurrección que rodeó los acontecimientos de la ciudad en 1909, más conocidos como la Semana Trágica. El apelativo ha sobrevivido al tiempo para reaparecer cada vez que la ciudad ha sido escenario de conflictividad social y política, fueran los acontecimientos de Mayo del 37, las protestas altermundialistas contra el Banco Mundial en junio del 2001 o las sucesivas protestas del movimiento okupa.

Expresa también una visión de Barcelona según la cual, debajo de los adoquines de la ciudad burguesa y hoy mundializada, se ocultaría un universo humano propenso periódicamente a la ventolera el malestar del cual acaba siempre en estallidos de protestas anti-sistema. Estallidos de los que carecen metrópolis más cercanas, sin ir más lejos, Madrid.
La aparición de la candidatura Guanyem como favorita a ganar la alcaldía, reactualiza esta manera de ver la ciudad en el imaginario colectivo. Sus orígenes son fáciles de rastrear en la crisis del 2007 y en las posteriores políticas de austeridad.

En el aumento del paro y en el recorte en las prestaciones sociales. Pero, curiosamente, han sido los conflictos relacionados con la vivienda -la lamentable realidad de los desahucios de aquellos que no han podido cumplir con las hipotecas concedidas por la banca en los años de la burbuja-, los que han acabado por catalizar en movimiento político.

En Guanyem (ahora Barcelona en Comú) han confluido la franquicia local de Podemos, Procés Constituent y Ada Colau, quien más genuinamente representa la nueva política (como Pablo Iglesias o Albert Rivera en España). Y con ellos, Iniciativa per Cataluna, única formación con experiencia de gobierno en este magma. Al fin y al cabo, ICV ha formado parte durante décadas del gobierno que ha modelado la ciudad que ahora combate desde esta candidatura.
Los primeros tanteos electorales han mostrado una oposición abierta de Guanyem al modelo económico que se ha fraguado en los últimos años. En especial a dos de sus máximas expresiones: el turismo (y sus excesos) y la política de congresos que, en su opinión favorece la creación de una ciudad elitista.

Las críticas al turismo no son nuevas. El peligro del monocultivo turístico ha sido cuestionado por economistas de todos los colores. Y excesos como los de la Barceloneta avergüenzan a todos. Sobre el “riesgo” que conllevan congresos como los del Mobile World Congress, la crítica tiene más de moral que de comprensión de la economía en la que anda metida la ciudad. “Repartir mejor” los beneficios de ambas actividades, como reclaman, es algo en lo que difícilmente nadie pueda no estar de acuerdo.

Pero, como ocurre con Podemos en España, el mensaje de Guanyem tendrá un efecto de arrastre en el resto de partidos. Y obligarán a hablar de la ciudad, de su economía y del camino a seguir.

(Publicado en La Vanguardia el 28 de febrero)

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