Caballo de Troya

Schäuble acertó en diagnosticar la propuesta griega como un Caballo de Troya. Queda por saber qué oculta en su interior

Yanis Varufakis, economista experto en teoría de juegos, erró en pensar que el temor a nuevos desórdenes en las bolsas y en los mercados de deuda, forzaría al resto de socios europeos a ser más “cooperativos” -como en el dilema del prisionero-, más dispuestos a encontrar una salida aceptable para un gobierno que acababa de obtener el refrendo de las urnas. Falló en la premisa. Los mercados habían descontado esa eventualidad y la deuda griega está hoy en manos de los estados, mucho menos nerviosos.

De aquí unas semanas, cuando se conozca el desenlace del actual proceso, se podrá leer mejor en qué han cedido unos y otros. Determinar hasta dónde ha llegado la voluntad de entendimiento y hasta dónde las gesticulaciones dirigidas a los respectivos electorados.

La Europa germana podrá sentirse orgullosa de su firmeza. Pero no está claro que obtenga la victoria moral. Grecia ha quedado aislada, pero se ha ganado la simpatía de los que consideran que Europa es algo más que un planeta obsesionado con la estabilidad fiscal. Han pasado cinco años desde que estallara la crisis del euro. El terror de la elite económica y política ante la posibilidad de perder la moneda condujo en su día a una única prioridad: la sostenibilidad del euro y, en consecuencia, a la cura de hierro para conseguir la estabilidad fiscal. En todo este tiempo Europa no ha hablado de casi nada más. O muy poco de los jóvenes, de las minorías y de las condiciones de vida en situaciones de austeridad.

Para los ahorradores alemanes, la estabilidad fiscal puede formar parte de su cultura. No hace sus vidas más felices. Pero les reafirma en sus convicciones. Para los parados del sur, para los jóvenes y las minorías, las prioridades son otras. Pueden “comprender” las razones de esa política. Pero si ésta no va a acompañada de discursos menos abstractos y de objetivos más tangibles para la realidad de sus vidas, Europa les dice poco.

Los griegos han sido hábiles a la hora de apelar a la democracia. Tanto, que hay que recordar que no son los únicos que van a Bruselas con un mandato democrático. Pero cada vez que Tsipras dice “no” al Eurogrupo, el apoyo a Syriza crece. Llámenle a eso tocar la fibra de la gente, ser irresponsable o simple nacionalismo. Pero ahí está el tipo.
Cuando Wolfgang Schäuble, el poco empático ministro de Finanzas alemán, habló de la propuesta griega como de un “Caballo de Troya” no supo hasta que punto acertaba en el diagnóstico. Queda por saber qué se oculta en su interior.

(Publicado en La Vanguardia el 21 de febrero de 2015)

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