Tres escenarios sobre el declive de la clase media

Un paseo por Berga(Barcelona)

Es una mañana soleada de domingo pero ha llegado el frío a Berga. La ciudad parece casi desierta. En el paseo sólo gente mayor porque “los jóvenes ya se han acostumbrado a pasar el fin de semana en otro sitio” dice un paseante. No era así hace treinta años. La gente iba y venía y descansaba en las terrazas de los bares. Incluso con este frío. Hay comercios que tienen pegado el cartel de “se vende” en los cristales. De todo tipo. La desaparición de las cajas de ahorros ha vaciado todavía más el aspecto comercial del centro. “Antes, cuando estaba el alcalde Farguell sí que se hacían cosas por la ciudad -prosigue el paseante-, pero ahora…”. Pero el alcalde Farguell tenía dinero. Todos los ayuntamientos lo tenían entonces. Ahora no. “Y además, los alcaldes que hacen cosas, se meten en líos” concluye el hombre. A Berga le quedaba la construcción, pero esta también se ha ido. Primero cerraron las minas. Después el textil. Sólo quedan algunas empresas alimentarias en la Valldan. Eso, y la temporada del rovelló , salva los platos. Los que van a esquiar no. Esos pasan de largo o, como mucho, se detienen en la Colònia Rosal a hacer un cortado.

Esto es Berga, pero puede ser Solsona, Ripoll u otras capitales de comarca catalanas. La economía crece. Y hay comarcas que lo aprovechan: Osona, muy diversificada; el Vallès, con la logística. Y Barcelona, que concentra el crecimiento de los servicios y las nuevas actividades. Pero, ¿y el interior? ¿Quién creará los empleos que antes llenaba la industria? La industria se ha ido tan lejos…

Una reunión en Munich

Travis Kalanick, el responsable de de Uber en Europa, ha llegado a Munich en son de paz. Su empresa, nacida en San Francisco, pone en contacto a conductores y a sus potenciales usuarios, lo que ha provocado el airado rechazo de sectores como el del taxi en muchas capitales europeas. La reacción ha sido tal que algunos gobiernos han paralizado sus actividades. Ahora Kalanick presenta las cosas de otra manera: “vamos a crear 50.000 empleos en Europa y haremos crecer los impuestos” afirma en la conferencia tecnológica de DLD en Munich. Los asistentes le miran escépticos, pero no tanto. En el auditorio hay gente como Nicolas Brusson, fundador de la start-up francesa de c ar-sharing BlaBlaCar. Piensa como el. “No tiene ningún sentido enfrentarse a la tecnología. Esto no se va a detener” afirma Ben Horowitz, de un venture fund de Silicon Valley. Los otros asienten.

Quien transcribe esta escena es John Gapper, un analista de Financial Times. Otro de los ponentes que sube al estrado es Andrew McAfee, autor de The Second Machine Age . “Ustedes no han visto nada todavía. Las turbulencias no van dejar de crecer. Esto no ha hecho más que empezar”. El auditorio, amante de la destrucción creativa, también lo ve así. De hecho, lo desea. Gapper se pregunta qué día las nuevas tecnologías aprenderán a crear empleos en lugar de destruirlos…

Rueda de prensa enWashington

Barak Obama propone un aumento de impuestos a los más adinerados para destinarlos a las familias con rentas más bajas. Por una vez los republicanos no responden. No comparten la política del presidente demócrata, pero ellos también quieren lo mejor para la clase media… Las clases medias americanas han irrumpido como cuestión electoral. Probablemente Obama no vaya hasta el final con su propuesta. Es una cuestión meramente política. Pero todos admiten que la recuperación no permite que la nueva prosperidad sea compartida entre todos.

La recuperación americana ha traído una recuperación del empleo, pero no de los salarios, que bajan.La élite económica internacional ha puesto el foco en las finanzas globales, la geopolítica y el imperativo de luchar contra la pobreza en el mundo. “Nadie debería perder de vista que sin cambios sustanciales en las políticas, las perspectivas para las clases medias, miradas globalmente, son altamente problemáticas” cuenta Larry Summers, ex secretario del Tesoro americano entre 1999 y 2001 en un artículo, ” Focus on growth for the middle class” . En la nueva normalidad, razona Summers, “la capacidad de nuestras economías para sostener el crecimiento y ofrecer unos estándares de vida superiores no está asegurado”. Ese es el problema.

(Publicado en La Vanguardia el 25 de enero de 2015)

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