Aceite de oliva, jamones y vino

Dicen que el tren tardó tres semanas en recorrer el trayecto que va de Yiwu a Madrid. Traten de imaginarlo. Trece mil kilómetros de distancia entre las altas montañas de Zhejiang, en el corazón de China, hasta la terminal ferroviaria de Abroñigal, en el valle del Jarama, pasando por las estepas kazajas y los bosques de coníferas bielorrusos. En la estación, de pie, aguardaban su llegada Ana Pastor y Ana Botella junto al encargado de negocios de la embajada china en Madrid, Huang Yazhong.
La ministra leyó un discurso en el que decía que el convoy había efectuado el viaje más largo del mundo, “superior a la suma de los míticos Transiberiano y Orient Express”. En un lenguaje próximo al que utilizan los altos mandatarios chinos -todo se pega- Ana Pastor declaró que constituía “un hito histórico para el sector del ferrocarril” que iba a “reforzar a España como centro de distribución de productos llegados de China”. Y que permitiría situar a la capital como “un enclave geoestratégico mundial”.
Para que se orienten, el tren llegó el pasado 9 de diciembre cargado con treinta contenedores repletos de artículos de bazar para estas Navidades. Los operadores del convoy son las empresas alemanas IRS y Deutsche Bahn Schenker. Yiwu es una de esas ciudades-fábrica que inundan el mundo de productos baratos a través de los todo a cien. Pasadas las fiestas, el tren volverá a China cargado de aceite de oliva, jamones y vino. Dicen que en una economía global los países se definen por aquello que son capaces de vender en el exterior. Los alemanes lo tienen fácil. Uno oye hablar de tecnología y responde rápidamente como perro de Pavlov: ¡Alemania! Finlandia, por ejemplo, tuvo dos décadas gloriosas gracias a la operadora Nokia y todavía hoy el país es sinónimo de innovación. Con China ocurre todo lo contrario. Pero no le hace falta. Como juega en la liga del bajo precio, de momento no necesitan hacer marca.
Pero, ¿y España? Para algunos ministros España es la tierra del vino, el aceite de oliva y los jamones. Podían haber pensado en maquinaria, en fármacos, en cualquier otra cosa que hablara de una nueva estructura productiva. Pero no.
La expedición ferroviaria a Yiwu tiene un carácter altamente simbólico. Pese a la génesis alemana, ha recibido el pleno apoyo de toda la infraestructura de Renfe y Adif. Su objetivo es hacer por vía ferroviaria y en 21 días lo que ahora tarda un barco lleno de contenedores en llegar de China al puerto de Barcelona en treinta. Por eso le han puesto el nombre de “nueva ruta de la seda”. Evita la costa mediterránea y entra en Madrid a través de Irún.
Con lo que cuesta hacer avanzar las obras del Corredor Ferroviario Mediterráneo, lo del convoy de Yiwu parece una broma. Como lo del aceite, los jamones y el vino. Pero no lo es. Es lo que llevan en la cabeza.
(Publicado en La Vanguardia el 13 de diciembre de 2014)
Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s