Con el chándal rojo

La rápida transformación de Podemos prueba las dificultades de hacer hoy política en mayúsculas

Llegaron con el aval de haber asesorado la revolución bolivariana y algunos ya se vieron vestidos con el chándal rojo de Hugo Chávez celebrando asambleas a pie de calle. Bautizaron el poder con la impactante y difusa calificación de “casta” y entre eso y la coleta de Pablo Iglesias, hubo quien pensó que llegaba la hora de pasar cuentas (así, en abstracto).

Pero a medida que se acercan las elecciones y se vislumbra la posibilidad de mandar, el programa de Podemos se va tornando más realista. Se les ha acusado de engañar a parte de la gente que les ha encumbrado en los sondeos. En realidad no han hecho más que concretar un programa que sólo se había esbozado. Muchas de las propuestas económicas de Podemos ya habían sido planteadas por Izquierda Unida. Y su programa no desentona con la socialdemocracia mediterránea de la que el PSOE empezó a abjurar en 1982, cuando llegó al gobierno, para adentrarse en la tercera vía (la de Blair y Giddens, que no la de Duran).

Incluso algunas de sus propuestas -la reestructuración de la deuda como alternativa a esta etapa de bajo crecimiento- puede ser más razonable de lo que hoy parece. Sobre todo si la austeridad acaba fallando. Y no crean, no está nada claro. Pero en eso la gente de Pablo Iglesias ha admitido la verdad: que no está en sus manos proclamar una reestructuración unilateral de la deuda. Requieren de poderes externos que ahora no controlan.

Es probable que a medida que pasen las semanas, Podemos desilusione a los que de forma más entusiasta les siguieron en los primeros días. Pero eso no desmerece su habilidad táctica. Demuestra más bien lo difícil que resulta hacer política en mayúsculas (pasar de las palabras a los hechos) en esta fase de la historia. En especial desde que en 2008 la crisis financiera desnudó las relaciones de poder tal y como son y dio a los mercados financieros una enorme capacidad de sanción sobre los gobiernos.

Basta con ver en qué términos discuten ahora Atenas y la troika (el BCE, el FMI y la Comisión Europea) hasta la última coma de la reforma de las pensiones o de los impuestos en Grecia para ver que el margen de maniobra de los gobiernos dista mucho de ser el que fue durante la segunda mitad del siglo XX.

Eso es así incluso ahora, que Vladimir Putin amenaza con una nueva guerra fría. La nueva confrontación no es entre ideologías, entre comunismo y libre mercado, sino entre diversidad de valores. Entre un sistema de elecciones abiertas, libertad de expresión y de tránsito y tolerancia religiosa frente a una visión oligárquica de la sociedad sólo legitimada por una pretendida seguridad económica. ¿Quiere decir esto que Podemos tiene el camino bloqueado? No, pero para avanzar deberá estandarizar todavía más sus perfiles y ocupar el que puede ser su futuro natural: sustituir al PSOE.

Mientras tanto, vayan devolviendo el chándal al armario

(Publicado en La Vanguardia el día 6 de diciembre de 2014)

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