El tubérculo

De la granada a los cup-cakes, de cómo Estados Unidos determina lo que comemos

Ya lo habrán visto en YouTube. Aparece Michelle Obama con un tubérculo de color rosa en la mano y tararea un rap que se escucha de música de fondo. Dura solo seis segundos, pero están bien empleados porque de lo que se trata es de concienciar a la población de la importancia de las verduras en la dieta.
Los grados de empatía del poder político hacia sus ciudadanos son muy diferentes en Estados Unidos y en Europa. Es difícil imaginarse al marido de Angela Merkel vendiendo las virtudes de la col. Por ejemplo. O pensar en la señora de Mariano Rajoy glosando las bondades de los grelos en televisión. El tubérculo que esgrime la mujer del presidente americano es un nabo, turnip en inglés. Y a su alrededor se ha montado la canción ” Turnip for what? ” en referencia a una canción de DJ Snake y Lil Jon, “Turn down for what?”.
No es la primera vez que Michelle Obama actúa como prescriptora de alimentos. Y no es la única persona pública que lo hace en un país acostumbrado a difundir modas alimentarias en medio mundo. Los americanos saben cómo publicitar los alimentos.
Muchas veces, el factor que actúa como estímulo es la salud, la ansiedad de la población por la comida sana. Hace dos décadas pusieron de moda los frutos rojos por sus cualidades antioxidantes y por supuestas propiedades anticancerígenas. El resultado ha sido la diseminación del cultivo de moras y fresas (las más próximas en el Magreb). Hoy te tropiezas con las dichosas bayas por todas partes. Hace tres años hicieron lo mismo con la granada y por razones muy parecidas. La granada está ya en los platos de muchos restaurantes. Pronto la veremos en toda clase de productos y formatos en las estanterías de los supermercados.
En otros casos, el factor que actúa como desencadenante es el cultural. La industria del cupcake (esas magdalenas hipercalóricas hinchadas de azúcar) quería acabar con la asociación entre ese producto y la América conservadora (esa imagen de mamá haciendo toda clase de pasteles, tan querida al Tea Party). Sacaron a Sarah Jessica Parker zampándose un cupcake en un episodio de “Sexo en la ciudad” y la industria del cupcake mejoró su reputación. Se podría seguir con la moda de las hamburguesas gourmet lanzadas por los chef americanos. Y así…
El nuestro es un país de cocineros. Algunos con mucha estrella. Pero es un país que tiene muchas dificultades para vender sus propios productos. Los italianos llevan años marcando el camino. Sea con el vino, con el aceite o con los cantuccini (mucho más internacionales que sus homólogos carquinyolis, de distribución y ambición más reducida). Queda mucho por aprender.

(Publicado en La Vanguardia el 18 de octubre de 2014)

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