Tarjetas castizas

No basta con mirar al Bernabeu. Para saber quién manda y quién se beneficia, hay que mirar a los listados de tarjetas ‘black’

Una de las maneras de saber quién manda en un sitio es mirar a los palcos presidenciales de los campos de fútbol. El escritor Manuel Vázquez Montalbán era muy aficionado a ello. Bastaba con leer la composición de las sucesivas juntas directivas del F.C. Barcelona, decía, para saber en manos de quién estaba el poder en la ciudad. En el caso barcelonés, en los años 50 y 60 las juntas repletas de nombres procedentes del textil. En los 70 y 80 mandaron los hombres de la construcción y la hostelería, con José Luis Núñez al frente. Más adelante, la inesperada generación de jóvenes ejecutivos comandados por Joan Laporta.

No obstante, ha sido el palco del Santiago Bernabeu el que más interés ha suscitado en los últimos años. Por representar eso que algunos han llamado capitalismo castizo. Y porque, sin tener una composición tan variada como el barcelonés -la sociología del poder en Madrid ha sido más constante, con los grandes ejecutores de obra pública siempre en un papel relevante-, lo cierto es que el Bernabeu concentra mucho más poder que el Camp Nou. Es así. Quien manda, manda.

Ahora se ha descubierto una manera de completar ese diagnóstico: echar un vistazo a la relación de usuarios de tarjetas de crédito opacas (las llaman tarjetas ”Black”, eso sí que es castizo) como la que ha trascendido del sumario que se sigue en Caja Madrid. Gracias a documentos como ese, los historiadores podrán entender cómo era la fauna y la flora que poblaba y se beneficiaba de tarjetas como las que te permitían sacar dinero en efectivo sin justificar. A los altos ejecutivos hay que sumar a políticos de todos los espectros (los de Podemos no existían ni habían iniciado todavía la Larga Marcha).

Desde ex ministros a ex alcaldes y una larga lista de “ex” de toda clase que indica hasta qué punto los partidos se planteaban esos cargos como un premio a los más fieles. También hay en la lista sindicalistas (más o menos honestos, más o menos cínicos) y dirigentes patronales, en idéntica posición, pero con menos sentimiento de culpa que los primeros. Hay también economistas, liberales y keynesianos. Hay tertulianos, uno en concreto que no ha parado de berrear a favor de la rebaja salarial en las empresas. Hay también algún periodista. Que, por cierto, se gastó la pasta a tal velocidad que parecía que pasara hambre.

Están también los detalles. Como el de Miguel Blesa, el presidente que, según cuenta “El Mundo”, se gastó 18.000 euros en sus últimos 30 días, cuando ya sabía que se iba. O el de ese otro que se gastaba el dinero en el Mercadona. Una ordinariez si se considera que, en las alturas que habitaban, lo menos que podían hacer era ir a comprar al Club del Gourmet de El Corte Inglés. Ya lo ven no hay nada para pasar a la posteridad como una tarjeta ‘black’.

(Publicado en La Vanguardia el 4 de octubre de 2014)

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