El otro diseño nórdico

Un sueco reinventa los símbolos nacionales de Finlandia, secuestrados
por la extrema derecha

Finlandia es un país pequeño, de algo más de cinco millones de habitantes. Tiene una elevada cohesión interna que le ha permitido salvar recesiones como la de 1990, cuando perdió por defunción la Unión Soviética, su principal cliente. Finlandia tiene poca inmigración porque está algo lejos del mundo, fuera del alcance de las redes clandestinas. Posee un sistema educativo tan sencillo como envidiable y un entorno institucional en el que la corrección política es norma.

Aun así, la crisis ha erosionado las columnas que sostienen el edificio finlandés. El rechazo al Sur europeo que vive del euro y a la inmigración (por pequeña que sea) ha sido la gasolina que ha facilitado la aparición de una fuerte ultraderecha. El gobierno la acusa ahora de haberse apropiado de los símbolos nacionales finlandeses, de incomodar al resto de la población e inhibir su propensión a usarlos. Para resolverlo, el gobierno ha encargado a una agencia de publicidad que redefina esos símbolos nacionales a los que incorporar nuevos valores. La agencia se llama Bob the Robot,

No es la primera vez que la identidad corporativa y el mundo del branding se enfrentan a retos de este tipo. Desde que en 1977 el diseñador Milton Glaser desarrollara el logotipo “I love NY” (con el corazón rojo en lugar del “love”) las ciudades de medio mundo se han encomendado a diseñadores y gurús de la marca para venderse en el exterior. Tampoco es extraño ver a agencias de publicidad vender países enteros. Lo que es menos normal es que a un diseñador le encarguen redefinir los símbolos de un país.

La cosa podría acabar aquí. Pero no. Es algo más complicada. Porque la agencia Bob the Robot ha elegido al diseñador Henrik Nygren para que resuelva ese encargo. ¡Pero es que Henrik Nygren es sueco! ¡Es decir, un extranjero, y no un extranjero cualquiera! Finlandia ha vivido la mayor parte de su historia bajo la ocupación sueca (cinco siglos) y algunas décadas bajo la estrecha vigilancia rusa. De ninguno de los dos periodos guarda Finlandia un gran recuerdo. Aunque en su territorio, albergue una minoría sueca, pequeña pero poderosa. Algo menos de 300.000 personas.

Para que me entiendan y que las cosas sean algo más gráficas. Traten de imaginar que llega el día en que el Gobierno español se harta de que la bandera española sea exhibida en manifestaciones neonazis. Y que un enviado del ministerio que dirige José Manuel García-Margallo contratara a una agencia de diseño de Portugal para que redefiniera los símbolos nacionales españoles. Y que la agencia en cuestión se dirige al diseñador de una minoría para…

Pero no sigan por ahí, porque es imposible que algo así pueda ocurrir aquí abajo. Lo de Finlandia podrá sonar naif, ingenuo, algo así como la vida vista por Pippi Langstrum. pero qué envidia dan a veces estos nórdicos y con qué naturalidad solventan las cosas más explosivas.

(Publicado en La Vanguardia el 26 de septiembre de 2014)

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