Querido Pepe

La gente acepta las elites si se les pega algo de lo que ganan. Como esas miguitas que caen de la mesa del banquete

Querido Pepe. No hay como unas buenas vacaciones para tomarle el pulso a las cosas. Sin televisión, sin móvil, sin internet. Qué placer disponer de un mes de desconexión para tener una perspectiva clara de lo que está pasando. Y este agosto, la verdad, Pepe, ha dado mucho de sí. He visto que Putin ha metido las narices en Ucrania. Pero ya te diré que a mi lo que me ha impresionado son esos 20.000 jóvenes occidentales (¡20.000!) alistados en la guerra santa islámica en Siria e Iraq. ¡Eso sí que es internacionalismo! Tu te acordarás. En nuestra juventud alguno se fue a Nicaragua después de leerse al Che. Pero eran cuatro (o tres). Ahora se van en masa. Se dopan jugando al Call of Duty, se leen cuatro planfletos islámicos y, hala, a rebanar gargantas en directo y a pegar tiros. Es fuerte, ¿no?

Ya sé lo que me dirás, Pepe. Que en el fondo la culpa es del sistema, que no les da salida, salvo trabajos precarios y mal pagados, y aun gracias. Tu siempre has sido un poco cura, Pepe. Pero tampoco te diré que no. Acabo de ver que el mejor periodista financiero, Martin Wolf, del Financial Times, ha publicado un libro que va un poco por ahí The Shifts and The Shocks). Dice que a las elites occidentales se les ha ido la mano con la crisis financiera y la locura de la deuda. La gente está enfadada con los financieros por haberla hecho demasiado gorda. Con los intelectuales por no verla venir. Y con los políticos por no mover un dedo. Y cuando la gente se enfada, deja de tener la mente abierta y se encierra en una cueva. O se va a hacer la yihad.

La gente, razona Wolf, acepta las elites si se les pega algo del dinero que ganan (aquello de las miguitas que caen de la mesa del banquete). Pero tanta riqueza a tu alrededor sin ver un duro, escuece. Wolf acaba afirmando que lo que está en juego ahora es la democracia. Este hombre exagera un poco. Pero no está mal para encuadrar lo que pasa a nuestro alrededor. Yo pensaba que estaba de vuelta de todo. De Gurtel, la corrupción, los sobresueldos municipales, de esos grandes tribunales que lo son todo menos imparciales. Hasta que leí lo de Jordi Pujol. Eso sí que es fuerte, Pepe. Predicar sobre valores toda tu vida, regañar a todos los que te escuchan, apañártelas con una mandarina para comer (porque eso sí, frugal lo era y todavía lo debe ser) para acabar finalmente confesando que tienes cuentas en Andorra. Pues no sé…

Lo de Pujol me ha hecho ver que sí, que estamos en una crisis profunda. Por eso, porque la cosa es tan grave, me ha molestado tanto que los del Gobierno se hayan lanzado como lobos sobre Pujol. Enseñar tanto colmillo para tapar lo de los tuyos es feo. Sobre todo si, de paso, lo que quieres es cargarte todo lo que está pasando en Barcelona. Que al fin y al cabo no es más que gente que pide revitalizar la democracia votando. En fin, Pepe, dejo de pegarte el rollo.

Nos vemos el jueves.

(Publicado en La Vanguardia el 6 de septiembre de 2014)

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