A dónde va el dinero

La sensación de Wall Street esta última semana ha sido The Honest, una compañía dedicada a la venta de pañales y productos infantiles creada por Jessica Alba. La actriz Jessica Alba, la de películas como Sin City o Los Cuatro Fantásticos . En sólo unas horas, la compañía consiguió captar 70 millones de dólares con los cuales reforzará su expansión y preparará su salida a bolsa. Jessica Alba, mmm… Nadie duda de su gracia personal. Ni de que pueda creerse de verdad que los productos de la empresa que ha inventado son los más seguros y los más ecológicamente friendly. Pero lo que sorprende es la parafernalia que rodea a la empresa, a la que se califica de start up . Del mismo modo que se caracteriza a Jessica Alba de emprendedora. Y sorprende también que todo tipo de fondos de capital hayan mostrado su voluntad de hacerse con un pedacito de la empresa porque intuyen que con ella van a hacer mucho dinero.

Hasta ahora, esa facilidad para captar recursos era patrimonio de la gente que se dedicaba a las app y a los smartphones. Aparecía un tipo de veinte años con un vaso de Starbucks en la mano y cara de no haber dormido en toda la noche y aseguraba que iba a cambiar el mundo con una aplicación que permitía conectar a todos aquellos que querían cazar moscas (por ejemplo). Los fondos de capital aparecían a montones. Después resultaba que esa aplicación no cambiaba el mundo. En realidad no cambiaba nada, pero la llegada de otra iniciativa tapaba el fracaso de la anterior.

El mercado siempre ha recompensado en exceso todo lo que le llegaba de Silicon Valley. Pero como se ha podido comprobar con The Honest, el mercado sobreactúa con todo lo que llega de California, convertida ya en la primera potencia mundial de la economía inmaterial.
Todo eso puede parecerles lejano. Pero es hacia donde apunta el futuro en unas economías en las que los bancos van a tener cada vez menos protagonismo. La industria del capital riesgo en Silicon Valley es tan potente que en la mayor parte de operaciones de fusiones y de salidas a bolsa de los dos últimos años los bancos no han tenido nada que hacer. Y no sólo eso. Empresas como Google o Amazon, y un sinfín de pequeños bandoleros digitales se apresta a ocupar el papel que tenía la banca tradicional a la hora de conceder créditos. Lo van a tener fácil. Nos conocen más que los bancos. Tienen más dinero. Y bastante más prestigio que la denostada banca.

Visto en perspectiva, lo ocurrido en España en los últimos treinta años habrá sido un caso único. Había tanta oficina bancaria y tanto empleado que al final habían acabado por convertirse en algo parecido al consejero espiritual de la empresa o de la familia. Ahora, después de tanta fusión y de tanto ahorrar en gastos de personal, entrar en una oficina bancaria se ha convertido en una experiencia inclasificable. Todo menos en una experiencia espiritual.

(Publicado en La Vanguardia el 30 de agosto de 2014)

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