Memoria de pez

Seis años después de haberllevadoel sistema financieroalcolapso, los créditos ‘subprime’ vuelven a correr

Hace cuatro años, un banco concedió a la señora Pepita un préstamo hipotecario para que pudiera comprarse un piso. La señora Pepita vive de hacer trabajos por las casas y tiene tres hijos calavera que la sangran a diario. Pero esa situación personal tan complicada no impidió que, con el fin de completar la operación, el banco le añadiera un crédito comercial que, como la hipoteca, todavía no ha amortizado.

Visto en perspectiva, el préstamo hipotecario y el crédito de la señora Pepita fueron el resultado de las relajadas leyes que regían en los años de la burbuja financiera e inmobiliaria… Sólo el azar explica que esta persona sin nómina fija haya podido cumplir cada mes con las cuotas del banco… Bien, eso es lo que pensaba hasta el jueves pasado, cuando la señora Pepita recibió una publicidad del mismo banco que le comunicaba que tenía a su disposición otro crédito de hasta 18.000 euros que podía formalizar en un tiempo récord de dos días.

No es un fenómeno aislado. Los créditos subprime han reaparecido en la escena financiera americana desde hace ya unos cuantos meses, según denuncia la prensa económica. Ya saben. Créditos a altos tipos de interés, con un riesgo importante, concedidos a personas con difícil acceso a la financiación y que después son “empaquetados” y revendidos a inversores con ganas de rentabilidades todavía más elevadas. Sólo que esta vez no se utilizan para comprar casas, sino coches. Y los mismos argumentos que se utilizaron para justificar la compra de casas (el precio de la vivienda no baja nunca) se adaptan ahora a la compra de coches (un coche siempre tiene salida en una economía que va hacia arriba…).

Se sabía que la recuperación americana era una de las más frágiles de los últimos cincuenta años. Pero lo que no era tan conocido es que algunos de los indicadores que
reflejan esa recuperación -la buena marcha del mercado del automóvil es uno- se expliquen
por el recurso a la peor de las deudas. Se calcula que el 30% de los créditos concedidos al automóvil en Estados Unidos son subprime , de devolución complicada. Pero van en aumento. Tan lucrativo es hoy por hoy el negocio que el término subprime , del que hace cuatro días huían los gestores de carteras, suscita ya el interés de los inversores más atrevidos.

Decía John Maynard Keynes que la memoria financiera dura una generación. Pero eso debió ser antes de la llegada de la televisión y del lavaplatos, porque comprobada la ligereza con que se comportan hoy determinados banqueros (y también la pobre señora Pepita, que lo primero que ha hecho es soñar con tapar algún agujero) parecería que estamos a punto de volver a las prácticas que nos llevaron hace cuatro días al desastre. De los financieros, mejor no hablar. Basta con ponerles ante el dinero fácil para que la suya acabe siendo una memoria de pez.

(Publicado en La Vanguardia el 26 de abril de 2014)

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