Toda una vida

¿Es verdad que de los productos “low cost” nacen sociedades “low cost”

En la publicidad que acaba de insertar en una revista para el mercado americano, aparece una joven que se va de casa con el sofá a cuestas. Se siente tan cómoda acostada en él que no sabría hacerlo en otro. Es tan buena la tapicería que, piensa, le va a durar toda la vida? La publicidad transmite justo lo contrario que el espíritu Ikea. Contra los que invitan a redecorar la vida de sus clientes de forma periódica, el empresario textil que tengo enfrente antepone el valor de los objetos duraderos. Habla de la moda vintage , de la admiración que ahora expresan todos los que se acercan a los sesenta por los muebles de su juventud. Pero él va más allá. Está pensando en vender un concepto. Sus productos no son baratos. Pero son buenos. Y duran.

Lo explica en uno de los salones del Gremi de Fabricants de Sabadell y el hombre acaba de escuchar el riguroso diagnóstico que hace Josep Oliver sobre el futuro de la industria. Quedan años de penitencia, dice Oliver, de mejorar la formación, la tecnología, la innovación? Pero al empresario textil, como al resto de la audiencia, lo que le ha entusiasmado ha sido la anécdota con la que el economista ha acabado su exposición. Cuenta que Margaret Thatcher y Helmut Kohl, reunidos en una cumbre en los ochenta y, en un momento dado, la Dama de Hierro le preguntó al canciller alemán por el secreto de la fortaleza del marco. “Es que nosotras fabricamos cosas, señora”, le respondió Kohl a Thatcher, que gobernaba un país que acababa de entronizar la economía financiera y los servicios y había relegado la industria a un segundo plano.
Ese “hacer cosas” truena dentro de las cabezas de los presentes y triunfa en una audiencia de empresarios que tienen los pies en el suelo, pero el corazón cada vez más en Alemania. Sobre todo si han sobrevivido a la burbuja financiera, durante la cual han perecido algunos competidores que probaron suerte para ganar tamaño tomando prestado? De nada sirven los argumentos de otros ponentes. Que si la falta de ambición nos condena a ser eternamente pequeños. Que hay que saber colaborar. Que si empresas como Apple o Google han roto el paradigma y amenazan con arrasar. Nada: alemanes todos. Aunque quede lejos y nos falten muchos años para ello.

Oliver ha dicho otra cosa de la que el auditorio no se acuerda tanto. Ha dicho que los problemas de la industria no vienen sólo de la crisis financiera. Son culpa también de la globalización que aquí inauguró en el 2001 el cierre de Lear de Cervera. Y entonces alguien habla de ese libro de Josep Burgaya -que llega de Vic, otro territorio germanizado- y que lleva por nombre Economia de l’absurd. Quan comprar més barat contribueix a quedar-se sense feina , donde aparecen sentencias tan temibles como esta: de los productos low cost nacen sociedades low cost . Cuando vuelva a ver al empresario de los sofás, se lo pienso regalar.

(Publicado en La Vanguardia el 12 de abril de 2014)

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