Montañas de datos

Silicon Valley le está ganando la batalla a Madison Avenue, a la publicidad tradicional. Pronto irá a por Wall Street y las finanzas

 

Internet es el mundo de la abundancia. Y el secreto de Amazon o de Facebook es el haber puesto algo de orden en ese caos y traducirlo en ingresos. Para ello contrataron ingenieros expertos en algoritmos (códigos matemáticos). En Amazon el objetivo era conseguir que alguien que acaba de comprar un producto, compre otro que ni se había planteado. Por ello han puesto el énfasis en su inventario, en asociar un producto con otro. Amazon conoce bien lo que vende, pero no tanto quién le compra ( aunque todo llegará). Con Facebook ocurre todo lo contrario. Conocen muy bien a sus usuarios. Cómo son, lo que les gusta y lo que no les gusta, sus intimidades incluso… Su problema es inverso al de Amazon. Todavía les cuesta saber qué vender.

Facebook y Amazon son sólo el principio de lo que viene. Disney se va a gastar 1.000 millones de euros en conocer cómo son sus clientes para rentabilizar mejor sus visitas. Y no son los únicos. En el comercio el nuevo Eldorado se llama location analytics. Son esos sensores, por llamarlo de algún modo, que escrutan el móvil de los clientes para poderles hacer, tarde o temprano, ofertas lo más personalizadas posible.

El nuevo mundo viene cargado de datos. Montañas de datos que se cruzan entre sí y que crecen de manera exponencial. Tanto como las empresas dispuestas a pagar por ellos. Gráficamente, se puede decir que las empresas de Silicon Valley han acabado ya con Madison Avenue, el mundo tradicional de la publicidad. La acumulación de datos sobre las audiencias puede más y es más certero, dicen, que cualquier campaña publicitaria, por mucho que detrás esté el guapo John Draper de Mad Men. Quizás exageren. Pero eso no es nada comparado con el día en que Silicon Valley vaya al asalto de Wall Street y las finanzas.

Un artículo que ha publicado Gerard Arqué en la última entrega de La Caixa Research explica cómo las formas de pago virtuales (el bitcoin, de momento es una anécdota) van a proliferar. Y no todas las intermediarán las entidades financieras. Pero la verdadera amenaza para la banca vendrá de los datos. Hasta ahora, los bancos eran los mejor informados sobre la debilidades de sus clientes, sus enfermedades y aspiraciones. Pero Google y otras empresas van a cambiar pronto eso. Porque dispondrán de mecanismos para saber a qué hora se despierta, a quién llama, cómo y adónde se desplaza, dónde aparca, qué come. ¿Quién mejor que ellos para gestionar sus seguros, sus viajes, sus pensiones?

Es lo que cuenta Evgeny Morozov, un investigador bielorruso que trabaja en la universidad de Stanford y que se preocupa de estas cosas. Morozov se lo ha tomado tan en serio que ha acabado por abominar de esa filia por los datos que domina nuestros sueños. Y teme, no sin cierta razón, que tanto dato puede ser un peligro para la democracia.

Tanta abundancia asusta.

(Publicado en La Vanguardia el 22 de marzo de 2014) 

 

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