La recuperación de Llambí

Industrial Gradhermetic integra la histórica firma, conocida por sus celosías. De la mano de Coderch inició una línea de colaboración con los grandes arquitectos

 

Dice el economista Francesc Solé Parellada que cuando una empresa cierra, desaparece todo el saber acumulado. Y la experiencia asegura que recuperarla no es fácil. Por suerte, ese no ha sido el caso de Llambí, empresa que se dio a conocer a mediados de la década de los cincuenta gracias a sus celosías y que se ha integrado como un pequeño equipo autónomo en Industrial Gradhermetic.

Llambí era una empresa familiar nacida a principios de siglo XX como carpintería en el barrio de La Sagrera de Barcelona. Hacia 1950, los Llambí entraron en contacto con el arquitecto José Antonio Coderch, para entonces en su etapa más fecunda. De aquella colaboración surgió la especialización del taller en el diseño y la fabricación de celosías, persianas de lamas orientables y fijas que regulan la entrada de la luz y dan un especial sentido a los interiores mediterráneos. Desde entonces, Llambí se habituó a trabajar conjuntamente con los arquitectos de la época y de su taller salieron piezas como las sillas para Gio Ponti (creador de la revista Domus y director de la Trienal de Arte de Milán), la lámpara Coderch o la silla Barceloneta de Alfonso Milá y Federico Correa.

Gradhermetic, empresa de Terrassa propiedad de la familia Colom (tercera generación), guarda un curioso paralelismo con Gradhermetic. Su negocio también es la la luz y la protección solar de los interiores, las persianas enrollables, primero de madera, después de acero y finalmente de aluminio. Pero a diferencia de Llambí, que mantuvo su carácter casi artesanal, los Colom optaron por controlar toda la cadena de producción de sus productos e imprimieron a Gradhermetic un carácter más industrial como vía para afianzarse en el mercado.

En los setenta, Llambí se renovó. Entró en la empresa el alsaciano Christian Heinz, quien junto a Rosa María Llambí iba a acentuar en las décadas siguientes la elección de la empresa por trabajar a la medida de los arquitectos que reclamaban su colaboración en edificios de naturaleza singular. La empresa, que en los 80 cambió su nombre por el de Silverlex, llegó a contar con una plantilla de 30 personas y tuvo que trasladarse a Badalona.

Llambí fue víctima de la crisis que siguió a la burbuja inmobiliaria de los dos mil y llegó al colapso por el impago de las administraciones públicas para las que trabajaban sus clientes. Buena parte de esa historia ha quedado recogida en Slats Façades, libro publicado recientemente. Por suerte para la arquitectura Gradhermetic ha integrado a Heinz y parte de su equipo para incrementar su oferta de productos.

La herencia Llambí se mantiene intacta.

 

(Publicado en La Vanguardia el 8 de marzo de 2014)

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