Gordos y flacos

Adelgazar porque te lo dicen cuatro tipos listos es diferente que si te lo dicen los pobres del planeta

 

Países ricos y pobres, desarrollados y no desarrollados, industrializados y no industrializados, del norte y del sur. Son divisorias que se han utilizado para clasificar los países y su situación en el mundo. Pero no sirven ya para explicar muchas cosas. Incluso la categoría de países emergentes, la de más éxito en los últimos años, no resuelve el problema: muchos países y muy diversos.

Una señora que se llama Dayo Olopade acaba de proponer clasificar los países entre gordos (fat societies) y flacos (lean societies). Olopade toma como ejemplo las sociedades africanas, corruptas y carentes de infraestructuras. Pero llenas de poblaciones jóvenes “hambrientas de comida y de oportunidades”. En estos países la gente no debe nada (parece una broma pesada pero quizás no lo sea en el mundo de hoy), nadie tira nada y la escasez explica tanto su manera de consumir como de producir.

Las sociedades gordas, ya habrán adivinado quiénes son (y dónde estamos), tienen problemas de obesidad. Metafóricamente sufren epidemias hipotecarias, están envejecidas y el efecto de sus actos sobre los recursos del planeta es enorme. Gastan y consumen más de lo que pueden. O al menos era así hasta no hace tanto, obligadas como están muchas de ellas a una cura de austeridad que las mantendrá postradas durante años. Cuando Olopade habla de países “flacos” piensa en África, pero también sería posible pensar en países como Colombia, con una población que escapa como puede a una realidad de corrupción y narcotráfico.

El discurso de Olopade no es nuevo. En realidad es una nueva formulación de las políticas de austeridad. Aunque para hablar de austeridad los economistas recurren a los multiplicadores fiscales, lo cierto es que esa corriente viene de una larga tradición de exaltación de la frugalidad y el ascetismo, de la vida sencilla, siempre con un trasfondo moral como argumento. Y tan viejo como el discurso de la austeridad lo es la doble moral, la hipocresía que esconde. Cuando Christine Lagarde, directora gerente del FMI u Ollie Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos, piden que los asalariados occidentales se bajen los sueldos, obvian su situación personal, hacen abstracción de lo que ellos cobran. Y cuando no se practica lo que se predica, es difícil convencer a alguien.

Pero cuando este discurso te lo hace una persona que habla en nombre de África, las cosas se ven de otra manera. Obligar a adelgazar porque te lo piden cuatro tipos listos es una cosa. Pero si quien te lo dice está pensando en África –o si quieren hacerlo más gráfico, en estos millares de africanos que están llamando a la puerta de Melilla- el mensaje tiene un sentido muy diferente.

Y obliga a pensar de qué lado está el futuro. Si de los gordos que se arrastran como pueden o de los flacos que piden una oportunidad.

(Publicado en La Vanguardia el 8 de marzo de 2014)

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

S'està connectant a %s