Una máquina en pana

En 1964 Europa entraba en la era de la opulencia. Francia se llenaba de coches, los alemanes viajaban al sur en busca de playas, los jóvenes empezaban a gastar y los intelectuales ya sufrían por  la americanización de la cultura. Mientras aquí, en Montjuïc, un novelista de barriada, Paco Candel, levantaba acta en un libro de las penosas condiciones en que vivía la inmigración que sedimentaba en la periferia de la ciudad. Un fenómeno común al resto de países mediterráneos, pero que aquí adquiría categoría de catástrofe por la pésima gestión del proceso por parte de las autoridades públicas.
“Los otros catalanes”, escrito en la lengua cultural de adopción, “descubría” a las clases medias y lectoras catalanas la existencia de un fenómeno que, pese a su excepcionalidad no les tenía que ser extraño. Las migraciones eran consustanciales a la máquina industrial catalana. Cuanto mayor se hacía, más crecía el hambre de mano de obra y más lejos la tenía que ir a buscar.
Una demógrafa, Anna Cabré, es quien mejor ha descrito la lógica del proceso. El inmigrante llegaba a los pueblos y ciudades y ocupaba los lugares más oscuros, más húmedos, menos abrigados. Ya fueran del Priorat a finales del XIX, de Murcia o de Aragón en el primer tercio de siglo, de Andalucía y Extremadura en los 50 y 60 o del Magreb o Latinoamérica no hace todavía dos décadas.
Cabré acababa también describiendo lo que llamaba “modelo catalán de reproducción”, según el cual el inmigrante que acababa de llegar aceptaba unas condiciones laborales inferiores a las de los autóctonos en el convencimiento de que sus hijos serían ciudadanos de pleno derecho en el lugar de acogida. Tanto era así, que asumían sus costumbres (entre los cuales una baja fertilidad) y la máquina volvía a arrancar…
Que el mundo cultural celebre 50 años del libro de Candel puede parecer extraño. Pero tiene una justificación: este país ha hablado hasta la extenuación de la inmigración y se ha obsesionado hasta el paroxismo con la convivencia. Pero está claro que medio siglo no pasa así como así. El ascensor social que tan bien describía Cabré ha entrado en pana. No solo le cuesta garantizar el ascenso social de los hijos de los que han venido de fuera, sino que además tampoco tiene garantías de asegurar la igualdad de condiciones salariales y de nivel de vida para los hijos de los autóctonos, de las clases medias asentadas.
El fenómeno no es exclusivamente catalán. Es europeo y abundan los estudios que explican la pérdida de perspectivas de las generaciones nacidas después de los 70 por razones demográficas y productivas. Lo específico es que el medio siglo del libro de Candel coincida con un momento en que el modelo está amenazado, además de por la lógica económica, por la hostilidad de un estado que debería velar por su pervivencia y no convertirlo en campo de confrontación.

(Publicado en La Vanguardia el 21 de febrero de 2014)

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