Ultimátum a la Tierra

La nueva generación de máquinas pensantes puede hacernos dudar incluso de quién manda aquí

 

El robot que perturbó los sueños de mi infancia era un gigante de acero de tres metros de altura llegado del espacio en una película de Robert Wise de 1951, “Ultimátum a la Tierra” . El robot bajó de la nave, pronunció la frase “Klaatu Barada Nicto” , que al parecer contenía un mensaje pacifista para la humanidad y se quedó allí clavado durante el resto de la película.

En los años cincuenta del siglo pasado, los robots hacían furor. Era la época en la que las cocinas de medio mundo se llenaban de aparatos para facilitar la vida a las amas de casa, con lo que las cosas se desenfocaron un poco. Se veía a los robots como futuros mayordomos entregados al nirvana familiar. En realidad, emular ciertas habilidades humanas no ha resultado fácil. Se calcula que un robot tarda 24 minutos en plegar una toalla. Imaginen si tiene que poner la mesa? La ley de Moore establece que la capacidad de procesamiento de las computadoras se duplica cada dos años. O sea, que tarde o temprano, eso llegará.

Los robots han vuelto a ponerse de moda. Los robots o las máquinas, que son lo mismo. La culpa la tiene la recesión y esta recuperación sin empleo de la que se acusa en parte a la robotización. La automatización de la actividad productiva ha sido objeto de polémica desde los albores de la revolución industrial (recuerden a los luditas). Y son mayoría los economistas que aseguran que la automatización (que tiene por objetivo hacer más y mejor con menos gente) no siempre es la culpable de las grandes fases de desempleo.

Pero no todos piensan así. Dos profesores del MIT, Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee acaban de publicar The Second Machine Age . Cuentan que estamos a las puertas de la aparición de verdaderas máquinas inteligentes y de la conexión de todos los humanos por vía digital. Las primeras máquinas sustituyeron el trabajo físico. Las que están por llegar sustituirán y multiplicarán nuestra inteligencia. Se puede leer esto de manera menos excitante: mucho trabajo rutinario en los servicios avanzados será computerizado. Y como consecuencia de ello, menos clase media y más desigualdades.

Los economistas insisten en que la clave está en hacer colaborar a robots y humanos en aquellas actividades en las que ambos son menos efectivos por separado. Pero no se fíen. Esta semana, en el Financial Times , Martin Wolf, que es un hombre temperado, aventuraba que esas máquinas del futuro pueden incluso hacernos dudar de quién manda realmente aquí.

Mientras resuelven el dilema, el futuro que se vislumbra tiene poco que ver con el pacífico robot de Ultimátum a la Tierra . Menos todavía con esos hogares en los que los robots pasaban la aspiradora. En realidad, se parece algo más al de las películas de Terminator y a los depredadores que las habitaban.

(Publicado en La Vanguardia el 8 de febrero de 2014)

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