Danos una señal

En unos mercados sin referencias y adormecidos por Davos, Argentina da la señal de vender…

“¡Sólo faltaría ahora que tuviera que preocuparme por el peso argentino!” decía alguien enfadado en un tweet el jueves. Pero lo cierto es que sí. Que ahora no queda más remedio que preocuparse por el peso argentino… Ayer, en los mercados financieros de medio mundo corrió la orden de que había llegado la hora de acelerar la venta de todo lo que sonara en exceso a riesgo, y en especial a mercados emergentes. Desde que la Reserva Federal americana anunció que iba a retirar poco a poco la manguera de la liquidez -que ha permitido regar con dinero fácil todas esas economías, de Turquía a Indonesia, de Brasil a Australia-, todos estaban pendientes de la señal… Podía haber sido una mala cosecha de soja en Brasil; un atentado en Istanbul o un apagón de dos días en Shangai…

Podía haber sido cualquier cosa porque los mercados funcionan con el instinto de la manada y el animal colectivo, pese a dotarse de la mejor tecnología -o justamente por eso- es primario en su comportamiento. Y la señal la dio Cristina Fernández Kirchner, presidenta de un país que se ha especializado en toda clase de sobresaltos por su habilidad por saltarse todas las disciplinas y ortodoxias. Hay quien opina que no, que la señal definitiva está todavía por llegar, que lo del viernes fue un pequeño ensayo, pero vaya… Como ensayo no estuvo mal.

Es irónico que todo eso ocurra en los días en los que se está celebrando la cumbre de Davos, ahora mismo la mayor concentración del planeta de tipos listos, tipos ricos y tipos enterados. Los encuentros de Davos tuvieron sus mejores días en la fase feliz de la globalización, en la década de los 90, cuando el proceso estaba teñido de optimismo y todo el mundo parecía ganar. Ahora vive algo así como un remake, una segunda etapa en la que los altos mandatarios occidentales se acercan para confraternizar con el poder emergente y los que más esquían en las pistas de nieve del complejo son los chinos… Pero aun así, Davos marca todavía la agenda de temas de los que deben preocuparse los que mandan.

A la gente le gusta pensar que hay alguien que gobierna el mundo. Del Club Bilderberg a la Trilateral, hay una extensa literatura que llega hasta Davos sobre clubs exclusivos en los que se decide el futuro de la humanidad en reuniones secretas. Las visiones conspirativas de la historia disgustan. Atentan contra la inteligencia. Pero en el fondo consuelan, porque permiten imaginar que hay alguien que sabe lo que se hace, aunque sea el Dr. No.

Pero parece que no es así. Que basta con leer la literatura seria sobre la última crisis para comprender que la historia avanza a trompicones. Y que los medios hacen lo que pueden para darle sentido a los acontecimientos. Lo único cierto, lo único serio, es que hoy hay que preocuparse de nuevo por el peso. Del peso, y de mil cosas más en este mundo caótico e interconectado.

 

En unos mercados sin

referencias y adormecidos por Davos, Argentina da la señal de vender…

 

(Publicado en La Vanguardia el 25 de enero de 2014)

 

 

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