Piedras contra Google

Uno pensaba que protestar contra los inventores del Ipad o el Iphone era una ordinariez, y ya ven…

En San Francisco, las personas que trabajan en empresas del Silicon Valley, suelen viajar en sus propios autobuses. Les llaman Google Bus, pero van también a Apple o Facebook. Desde diciembre, estos autobuses han sido objeto de toda clase de contratiempos. En Mission District, uno de los barrios trendy de la ciudad, los buses son bloqueados por activistas anti-desahucios (los precios suben por la elevada demanda). En Oakland, un distrito periférico que antes fue industrial y cuna de los Panteras Negras, los buses son apedreados porque sí. Porque representan lo que representan.

Hasta ahora, la gente se había acostumbrado a ver a los usuarios de esos autobuses dotados de wifi, conectados a sus iphone, la vista pegada a sus laptop. Les parecían unos ausentes simpáticos. Ahora simbolizan el aislamiento del mundo de que se acusa a los barones del Silicon Valley. En el Silicon Valley se ha hecho mucho dinero. Tanto que, comparados con eso, los “pelotazos” de las empresas europeas resultan ridículos. Para comparar: el mayor accionista de la petrolera Exxon controla un 0,04% de las acciones. Mark Zuckerberg, en cambio, posee el 29,3% del capital de Facebook.

Nacidos entre cierta aureola contracultural, los barones del Silicon habían pasado hasta ahora desapercibidos. Pero la hostilidad hacia sus representantes empieza a llenar páginas en los Estados Unidos. Se habla de sus excentricidades de millonarios. Del poco empleo que crean sus empresas. De su propensión a evadir impuestos. De su clara apuesta de puertas abiertas a la inmigración. De su escaso compromiso con la realidad económica que les circunda. De lo lejos que están, vaya, del ideario americano que representaba gente como Henry Ford…

Adrian Wooldridge, editor de la página “Schumpeter” de The Economist, ha escrito esta semana que la elite tecnológica ha pasado ya a formar parte del panteón de plutócratas eternos junto a banqueros y petroleros. Fred Vogelstein, editor de la revista Wired, acaba de publicar Dogfight, libro que relata la pugna entre Google y Apple para controlar el mercado de los smartphones. El Steve Jobs que aparece en el libro no es alguien que responda a ese “Think diferent” que proclama Apple, ni a esa manera tan “revolucionaria” de entender la empresa de que alardea Silicon Valley y de la que se ha hecho tanta literatura de gestión. Lo que Jobs parece, más bien, es un tipo cruel capaz de toda clase de artimañas para explotar a conciencia a sus ingenieros. Sergey Brin no queda mejor. Y Jeff Bezos, el propietario en Amazon, tiene en el mercado un par de libros que despellejan sus métodos de trabajo de Amazon, empresa que está provocando un verdadero seísmo comercial.

Pensarán que todo esto es p… envidia. Puede. Pero hasta ayer uno pensaba que protestar contra los que te han inventado el ipad o el iphone era una ordinariez. Y ya ven.

(Publicado en La Vanguardia el 11 de enero de 2014)

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