Un cuento de Navidad

De cómo, desde hace tres años, Jaume, Daniel, Joan, Josep y Carles llevan la gestión de la empresa de forma colegiada

 

Hay una fotografía de los primeros días de la Primavera Árabe del 2010 en la que se ve a un grupo de refugiados que cruza la frontera entre Libia y Túnez. Huyen de la guerra. Y uno de ellos sostiene un objeto, un maletín vetusto pero reconocible a distancia para un albañil. Se trata de un cortador de baldosas, “Cortamosaicos y Azulejos Rubí”. Para el hombre de la fotografía, el cortador es importante. Por como lo lleva, es el único capital con que cuenta para empezar una nueva casa, una nueva vida.

Para Germans Boada, la empresa que inventó ese artefacto a principios de los 60 -una plataforma sobre la cual deslizar una punta de diamante- la fotografía es otra prueba de la difusión de su invento, tan extendido como poco reconocido aquí. El cortador fue lo que permitió a Germans Boada convertirse en su día en empresa de referencia para el sector de la construcción… Pero todo tiene su tiempo. En el 2011, fruto de una fallida política de diversificación, la empresa entró en pérdidas y rectificó sobre la marcha. Tras considerar varias opciones, la propiedad cedió la gestión al comité ejecutivo. Y así ha quedado.

Es decir, desde el 2011, Jaume, Daniel, Joan, Josep y Carles llevan la empresa de forma colegiada. Se trata de una fórmula muy poco frecuente. Y si ustedes le hacen la pregunta a algún consultor, lo más probable es que les diga que se trata del mejor camino para llegar a la catástrofe. Pero no ha sido así. Durante estos años, Jaume, Daniel, Joan, Josep y Carles han reorientado la estrategia de la empresa y han aumentado sus ventas en un sector como el de la construcción.

Esta no es una columna pensada contra consultores, asesores, escuelas de negocios y demás fauna y flora que se mueve en torno al negocio de la gestión empresarial. Este país necesita esta clase de servicios profesionales. Gente capaz de hacer cosas interesantes e imaginativas sobre gestión. Como la que puede leerse en el “Manual de Supervivencia de la Empresa Familiar”, que firma Ferran Fisas y en la que este antropólogo de formación cuenta de primera mano cómo las familias Fisas-Guixà resolvieron el contencioso familiar para hacer crecer una empresa como La Farga. Les conmoverá. No tanto por lo que cuenta como por la proximidad e implicación emocional que pone el autor.

Esta no es una columna pensada contra los consultores. Es más bien una columna de admiración hacia empresas algo pequeñas como Germans Boada (factura 40 millones) o bastante menos pequeñas, como La Farga (que factura 1.200 millones). Son destellos de un tejido industrial al que probablemente le falten vitaminas. Por demasiado pequeño. Pero juntas, unas y otras, constituyen el sistema nervioso de este país, lo que le permite respirar y albergar vida en los peores momentos.

Quizás sean pequeños, pero es lo que permite que este país sea grande.

 

(Publicado en La Vanguardia el 21 de diciembre de 2013)

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