Teoría del suflé

Malcolm Gladwell es un escritor estadounidense que navega con habilidad entre el periodismo de investigación y la psicología social. Su gracia está en desmontar creencias sociales bien enraizadas para ponerlas en su sitio. Su libro más conocido es “Outliers” (Fuera de Serie), donde hace trizas algunos tópicos sobre el talento. Para Gladwell lo que propulsó a los Beatles no fue su “Love me do”, sino los meses de actuaciones en locales oscuros. Del mismo modo, el éxito de Bill Gates no estuvo tanto en su talento como en haberse tropezado con un ordenador en un temprano 1968. El talento está ahí, dice, pero el éxito lo garantiza el tomar las oportunidades cuando llegan. Y acuña incluso una ley -la de las 10.000 horas- para asegurar que son el esfuerzo continuado y el aprendizaje lo que garantizan el éxito.

En su último libro,”Underdog”, Gladwell describe historias de personas con debilidades de partida que han llegado más lejos que muchos que tienen el viento a sus espaldas. Y eso vale tanto para David frente a Goliat como para todos los Vietnam -civiles o militares- que en el mundo han sido. La adversidad, la inadaptación, confieren una fuerza que hay que saber aprovechar…

En realidad, Gladwell tiene poco de científico. Es tan “ful” como esa ley de las 10.000 horas. Pero es un gran contador de historias que reescribe obviedades. En su último libro, Gladwell no haría más que actualizar un concepto bien conocido en la historia: el del conflicto asimétrico. El del fuerte contra el débil.

El conflicto asimétrico, bien estudiado por la historiografía militar estadounidense en pleno fiasco del Vietnam, precisa que su resolución depende de la legitimidad de las partes. El lado fuerte gana si sabe persuadir al débil de que su autoridad es legítima. Y a la inversa, la parte débil gana si sabe sostener y mantener que el comportamiento de la parte fuerte es ilegítimo. Conclusión: en el conflicto asimétrico se gana más por psicología que por fuerza.

Cuando uno lee eso y observa como se desarrolla el conflicto (llámenle el proceso, la cosa, el encaje o lo que quieran) entre Catalunya y España (o una parte mayoritaria de Catalunya con una parte mayoritaria de España), sorprende que no exista, en el lado fuerte, la inteligencia emocional suficiente para persuadir al débil. Esa capacidad de persuasión que depende de la clara exposición de los costes y beneficios de las decisiones que se toman.

No hay duda que el mundo empresarial anda inquieto con lo que ocurre. Pero no está claro que el discurso del apocalipsis que periódicamente propone la parte fuerte -en la última versión, Luis María Linde, gobernador del Banco de España, advierte de la quiebra del país o de su sistema bancario- vaya a ganar mucha legitimidad.

Para los amantes de la metáfora del suflé: éste es de los que no baja.

(Publicado en La Vanguardia el sábado 30 de noviembre de 2013)

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