El señor que no duerme

La recuperación es un juego de suma cero entre el ruido de lo que cierra y la fragilidad de lo que empieza

Sé de una persona que, con otros tres socios, ha levantado una pequeña empresa de instalaciones nacida de la fuga de una multinacional italiana que los dejó “colgados” -a ellos y a cincuenta más- hace cuatro años. Les ha pasado de todo. Pero ahora las cosas parecen haberse estabilizado. Y tras meses de dudas, se han decidido por contratar a alguien. Un comercial. El problema, dice, es que el mejor candidato es un ex responsable de la división comercial de otra multinacional, un señor de 51 años que lleva tres en paro.

-¿Y cuál es el problema?
-El problema es que no es la persona adecuada. Sabe demasiado, más que todos nosotros, sólo le puedo pagar 1.200 euros y comisión, nunca estará contento… Pero lo acabé recibiendo, porque me lo pidió. Me dijo: “Tanto da que no me contrates. Sólo entrevístame”.

La recuperación ha empezado. Es como el rumor de un hormiguero que a duras penas se deja oír entre el estruendo de los grandes expedientes de regulación en la industria manufacturera. El resultado, en el mejor de los casos, es un suma cero. Cien puestos de trabajo que se pierden en una empresa de compresores. Cien contratos que se hacen en condiciones mucho más frágiles en los servicios, en talleres, autónomos, en pequeñas empresas como la mencionada. A veces, lo que es bueno para la economía no lo es para el empleo: como esa pyme que va como una moto y que ficha a un joven formado en mecatrónica -¡uno!- que hará el trabajo que antes hacían cuatro y le permitirá ser competitiva…

Los economistas dicen que todas las recuperaciones se parecen. Sin embargo, a principios de noviembre, el mismo día en que el comercial de 51 años era entrevistado en un polígono industrial de las afueras de Barcelona, el FMI reunía –a 6.500 kilómetros de distancia- a un grupo de sabios. Había gente como Stanley Fischer, venerado profesor de Ben Bernanke y exgobernador del banco central de Israel; o el tan sabio como arrogante Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro. Y muchos otros.
El objetivo de la reunión era fabricar consensos para que el FMI pueda ir por el mundo como lo ha hecho siempre: recomendando sin miedo a equivocarse. Lo terrible es que lo que más preocupaba a los reunidos no era el contagio de una nueva crisis financiera -que es lo que siempre preocupa al Fondo-, sino como manejar la fase de crecimiento lento en que ha caído la economía occidental (antes conocido como mal del Japón). Y que la crisis ha hecho tantos  estragos en el tejido productivo (están hablando de Estados Unidos), que se tardará mucho en aprovechar todo el potencial…

Mientras tanto, el hombre que entrevistó el comercial de 51 años no duerme. Debe contestarle el lunes…
-¿Qué le dirás?
-Debería decirle que no, claro, pero…
Es lo que tiene la recuperación.

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